Opinión

¿Para qué sirve un fondo soberano en España si se devuelven fondos de la UE por mala gestión y colapsan infraestructuras clave?

EDITORIAL

CLM21 | Martes 20 de enero de 2026

España ha sido uno de los principales receptores de los fondos europeos Next Generation EU, con más de 160.000 millones de euros asignados entre transferencias y créditos. Sin embargo, la dificultad para ejecutar estos recursos en tiempo y forma ha puesto de manifiesto un problema estructural de gestión pública.

Ante el riesgo de devolución de fondos a la Unión Europea, el Gobierno ha impulsado la creación de un fondo soberano controlado por el Estado y gestionado a través del ICO, con el objetivo de canalizar recursos no ejecutados hacia inversiones estratégicas. No obstante, la creación de este instrumento plantea una cuestión clave: ¿puede un nuevo vehículo financiero compensar fallos persistentes de gestión?

CASTILLA-LA MANCHA COMO CASO PARADIGMÁTICO

Castilla-La Mancha es una de las regiones con mayor potencial renovable de España. Sin embargo, la saturación de los nudos eléctricos y la falta de inversión en redes de transporte y distribución —competencia estatal— están bloqueando nuevos proyectos industriales y energéticos. Este problema se replica a escala nacional, donde Red Eléctrica ha reconocido cuellos de botella en varias comunidades, con impacto directo en regiones exportadoras de energía como Castilla-La Mancha.

La red ferroviaria española arrastra déficits históricos de mantenimiento, especialmente en líneas convencionales. Incidencias, retrasos y limitaciones logísticas afectan a todo el país. En Castilla-La Mancha, esta situación se traduce en servicios poco competitivos para pasajeros y mercancías, limitando el desarrollo industrial y logístico pese a los anuncios de inversión vinculados a fondos europeos.

España ha avanzado en fibra óptica, pero el despliegue de 5G y la conectividad rural presentan retrasos relevantes. A nivel nacional, diversos informes del Tribunal de Cuentas y de la Comisión Europea han advertido de lentitud en la ejecución de programas de digitalización. En Castilla-La Mancha, estas deficiencias se reflejan en una brecha digital persistente en zonas rurales, con impacto directo sobre empresas y población.

Los problemas detectados en energía, ferrocarril y telecomunicaciones responden a un patrón común en toda España: los fondos existen, pero la ejecución es insuficiente. Castilla-La Mancha ejemplifica cómo estas carencias nacionales tienen un impacto territorial directo.

Sin una mejora sustancial de la capacidad de gestión, planificación y ejecución de las inversiones públicas, el fondo soberano corre el riesgo de convertirse en una solución financiera a un problema estructural. Antes de crear nuevos instrumentos, resulta imprescindible demostrar que los existentes pueden gestionarse con eficacia.

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