La inmigración se ha convertido en uno de los principales soportes del crecimiento económico en una España marcada por el envejecimiento. Así lo concluye el estudio “Inmigración, Envejecimiento y Dividendo Demográfico: El caso de España en perspectiva”, publicado por Fedea y firmado por José Ignacio Conde-Ruiz, Clara I. González y Miguel Díaz-Salazar.
El análisis demuestra que, entre 2000 y 2019, la llegada de inmigrantes compensó cerca del 60% del deterioro del dividendo demográfico, es decir, la caída en la proporción de población en edad de trabajar sobre el total. Sin inmigración, ese indicador habría descendido a un ritmo anual del –0,39%; con inmigración, la caída se moderó al –0,16%, una diferencia de 0,23 puntos porcentuales al año.
En los años más recientes (2020–2024), el efecto ha sido aún más evidente. La tasa de empleo creció 1,72% anual con inmigración frente a 1,50% sin ella, reflejando que los flujos migratorios han reforzado el dinamismo del mercado laboral en la fase de recuperación.
El cambio demográfico es profundo. A comienzos de 2025, España cuenta con 9,46 millones de personas nacidas en el extranjero —el 19,3% de la población— frente a menos de 1,5 millones en el año 2000. Además, la población inmigrante es más joven y presenta mayores tasas de actividad y empleo, lo que explica su impacto positivo sobre el crecimiento por habitante.
De cara al futuro, el estudio estima que la inmigración amortiguará de forma creciente el envejecimiento. Según las proyecciones del INE, el efecto adicional del canal demográfico será de 0,23 puntos porcentuales anuales hasta 2040 y se ampliará a 0,49 puntos en la década 2041–2050. Cuanto más envejecida sea la sociedad, mayor será el efecto corrector de la inmigración.
Con todo, los autores advierten de que la inmigración no sustituye a las reformas estructurales. La productividad seguirá siendo la clave del crecimiento a largo plazo. En una economía que envejece, la llegada de trabajadores ayuda a sostener la base laboral, pero el verdadero impulso dependerá de la capacidad para transformar ese potencial en eficiencia, innovación y mayor valor añadido.