Castilla-La Mancha afronta el segundo semestre del año con una economía que mantiene un elevado dinamismo empresarial, aunque la fortaleza de la actividad productiva no se está trasladando con la misma intensidad a todos los indicadores vinculados al consumo de los hogares. La industria, los servicios y el comercio presentan tasas positivas, el empleo se mantiene en niveles históricamente elevados y el consumo sigue creciendo, pero la inflación y una renta disponible todavía limitada condicionan la capacidad de gasto de una parte de las familias.
Los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística dibujan, de hecho, una economía regional con dos velocidades. Por un lado, las empresas están incrementando con fuerza su actividad. Por otro, el comercio minorista —uno de los indicadores más directamente relacionados con el gasto de los hogares— registra un crecimiento sensiblemente inferior al de la industria y los servicios.
La industria es actualmente uno de los principales motores. La cifra de negocios industrial aumentó un 14,3% interanual en Castilla-La Mancha en junio, frente al 9,2% registrado en el conjunto del país. La región se situó así entre las comunidades con mayor crecimiento de las ventas industriales.
El dato adquiere mayor relevancia al observar su evolución reciente. El crecimiento de junio se produjo después de varios meses de avances de la actividad industrial a nivel nacional y confirma el buen comportamiento de la industria regional durante la primera mitad del ejercicio.
También los servicios mantienen un ritmo elevado. Su cifra de negocios creció un 8% interanual en Castilla-La Mancha en junio, frente al 8,8% nacional. Dentro del conjunto de España, el sector encadena ya 27 meses consecutivos de incrementos interanuales de facturación.
El comercio, por su parte, presenta una evolución positiva pero más moderada. Las ventas del comercio minorista en Castilla-La Mancha aumentaron un 4% en junio respecto al mismo mes de 2025, por encima del 2,4% registrado en España. El avance supone además recuperar tasas positivas después del retroceso registrado en mayo.
La diferencia entre ambos indicadores resulta significativa. Mientras la facturación industrial crece a dos dígitos y los servicios avanzan un 8%, el comercio minorista se mueve en torno al 4%. Esto no significa que los hogares estén dejando de consumir, pero sí apunta a que el gasto de las familias está creciendo a menor velocidad que la actividad empresarial.
Más empleo, pero todavía con presión sobre la renta
El mercado laboral constituye uno de los principales elementos que sostienen el consumo. Castilla-La Mancha cerró el segundo trimestre con casi un millón de personas ocupadas, mientras que la tasa de paro se situó en el 11,81%, la más baja para un segundo trimestre desde 2008.
El dato de paro registrado de julio introdujo, no obstante, un pequeño cambio de tendencia mensual. El desempleo aumentó en 843 personas, hasta 114.696, aunque siguió siendo la cifra más baja registrada en un mes de julio desde 2008. En términos interanuales, el paro se redujo en 2.450 personas, un 2,1%.
La mejora del empleo proporciona una base sólida para el consumo, pero el nivel de renta continúa siendo un factor determinante. La Encuesta de Condiciones de Vida del INE situó en 34% la población de Castilla-La Mancha en riesgo de pobreza o exclusión social en 2025, una de las tasas más elevadas del país. Además, un 12,7% de los castellano-manchegos declaró llegar a fin de mes con mucha dificultad, el porcentaje más elevado entre las comunidades autónomas.
Estos datos ayudan a explicar por qué un aumento de la actividad económica no necesariamente se traduce de forma automática en un incremento equivalente del consumo de todos los hogares.
La inflación sigue restando capacidad de compra
A esta situación se suma la evolución de los precios. El IPC de Castilla-La Mancha se situó en el 3,6% interanual en julio, igualando la media nacional. La tasa regional se mantiene, por tanto, claramente por encima del objetivo de estabilidad de precios del 2% del Banco Central Europeo.
El problema para las familias no reside únicamente en que los precios continúen aumentando, sino en el nivel acumulado que han alcanzado después de varios años de inflación. Aunque determinados productos puedan moderar sus incrementos, el consumidor afronta actualmente una cesta de la compra más cara que antes de la escalada inflacionista.
En este contexto, un crecimiento nominal de los ingresos no implica necesariamente una mejora equivalente del poder adquisitivo. El efecto final depende de cuánto aumenten los salarios y otros ingresos de los hogares frente al coste de vida.
Los últimos datos de costes laborales muestran que el coste salarial crecía un 4,9% interanual en España en el primer trimestre de 2026. En Castilla-La Mancha, el coste laboral total alcanzó los 2.868,87 euros por trabajador y mes, frente a los 3.278,01 euros de media nacional.
La comparación no permite medir directamente la renta disponible de los hogares, pero sí muestra una de las características estructurales de la economía regional: Castilla-La Mancha combina un fuerte crecimiento del empleo con unos costes laborales inferiores a la media española.
El consumo cambia su ritmo y composición
Los datos disponibles tampoco permiten hablar de una contracción generalizada del consumo. Al contrario, el comercio minorista creció un 4% en junio y el análisis de BBVA Research muestra que el gasto presencial realizado mediante tarjetas en Castilla-La Mancha aumentó un 9,1% en 2025, después de crecer un 15,7% en 2024. En enero de 2026, el gasto seguía creciendo alrededor del 9% interanual.
Lo interesante está en la composición de ese gasto. Según BBVA Research, durante enero de 2026 aumentó especialmente el gasto en grandes superficies, supermercados y alimentación, mientras que determinadas categorías como viajes, electrónica y transporte mostraban una evolución mucho más débil.
Es decir, el consumidor castellano-manchego no ha dejado de gastar, pero parece estar priorizando determinados bienes y servicios frente a otros.
Esta diferencia resulta relevante para interpretar la evolución económica. Un crecimiento del consumo concentrado en productos esenciales o de primera necesidad tiene un significado diferente al de un aumento generalizado del gasto en bienes duraderos, ocio, viajes o equipamiento.
Economía que crece apoyada en la demanda interna
BBVA Research prevé que el PIB de Castilla-La Mancha crezca un 2,4% en 2026, después de un avance estimado del 3,1% en 2025. La entidad considera que el consumo se beneficia de la recuperación de los salarios reales y de unos tipos de interés más bajos.
La previsión apunta, por tanto, a que el consumo seguirá siendo uno de los pilares del crecimiento regional. Sin embargo, BBVA también advierte de algunos cuellos de botella estructurales, entre ellos la escasez de mano de obra en determinados sectores, la productividad, la vivienda y el margen fiscal.