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La ministra Meritxell Batet, la vicepresidenta Carmen Calvo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; el president de la Generalitat, Quim Torra; el vicepresident de la Generalitat, Pere Aragonès, y la portavoz del Ejecutivo catalán, Elsa Artadi.
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La ministra Meritxell Batet, la vicepresidenta Carmen Calvo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; el president de la Generalitat, Quim Torra; el vicepresident de la Generalitat, Pere Aragonès, y la portavoz del Ejecutivo catalán, Elsa Artadi. (Foto: Pool Moncloa / Fernando Calvo)

Las cosas de los políticos y las otras cosas… las de la gente

jueves 27 de diciembre de 2018, 19:52h
Dice Susana Díaz -nada sospechosa de ser del PP, de Ciudadanos o de Vox- que el 155. Que Cataluña -oye- ha marcado el 2018 y ha incidido más que nunca en la política del resto de España. Empezó cuando Pedro Sánchez pidió los votos para echar a Rajoy. Y hubo que pagar precio por aquel día. Y ahí siguen: uno pagando y otros cobrando. No llegan al 5% de los diputados del Congreso y los diputados independentistas marcan el ritmo y el paso al resto del país. Susana Díaz grita ahora -¡viva España!- y amaga con el 155. Algo tarde, cuando se ha dado cuenta que la cuestión catalana le ha costado a ella la presidencia de Andalucía y al PSOE el gobierno de un territorio que siempre había sido gobernado por el socialismo obrero y español. Y el resto de los barones se temen lo mismo y lejos de tomar medidas de raíz, se conforman -imploran y rezan- para que no haya un súperdomingo. A muchos españoles les cuesta desazón y les genera irritación. ¿Cómo van a censurar los barones a quien tanta preocupación les genera?
La cosa de los políticos

El PP ha perdido el poder y ha cambiado de líder nacional y de líder regional. Ciudadanos ha definido su modelo y ha despejado la ecuación de la socialdemocracia para quedarse en un liberalismo cívico. Podemos -lo dijo Bescansa y le costó ser depurada- habla más para los catalanes -y para las mareas- que para el conjunto de los españoles, terminará por quedarse reducido a un pequeño núcleo de poder en Madrid y algunas comunidades castellanas más pobladas, mientras que los territorios nacionalistas o federalistas se quedan para los grupos confederados. A los de Podemos, que llegaron para dar soluciones a los ciudadanos, a los indignados, sólo se les oye hablar de la república y criticar al rey, como si eso –con independencia de que se esté o no de acuerdo- llevase el pan a la mesa. Y en esa sale Vox –el de los indignados que no son de izquierdas- y se mete en la disputa. Izquierda Unida se diluye y un buen político como Llamazares, dice que él ya lo avisó y que rescata el proyecto pero desde otro sitio. Y Garzón -el de IU- le dice que le echa y el otro Garzón -el ex juez- le da la bienvenida…

Las cosas de la gente

Son las cosas de los políticos… Mientras, España se levanta cada mañana mirando al bolsillo, a los anuncios de empleo y al ir tirando. Porque trabajar se conjuga en precario y tiene fecha de caducidad temprana. Que si la cita del médico es para dentro de un año, que si todavía no han resuelto lo de la dependencia del padre o del abuelo, que todavía no han sustituido al profe de la niña que se puso malo, que Hacienda no ha devuelto lo que cobró de más por la prestación por maternidad, que si el Supremo otra vez al lado de los bancos… Que si suben la gasolina y la luz…el alquiler y los impuestos. Dicen las cifras que el país sales de la crisis, pero los ciudadanos –los más afectados- no. Para los jóvenes es muy difícil hacer un proyecto de vida.

En España se moviliza la gente contra los toros, la caza y reclamando la protección animal. Se hacen campañas para la adopción animal. El movimiento animalista mueve sentimientos, dinero y votos. Hay una sensibilidad especial que crece.

Vemos cómo en los telediarios, día sí día también, se cuela la muerte que viaja en patera, el rostro perdido, el frío del cuerpo y del alma del ser humano que con suerte ha sido rescatado… Que huyendo del infierno ha llegado a ninguna parte. Y en los centros de acogida se convierten en estadística y en argumento para los políticos, para remover pasiones, incluso las más bajas.

2018, ha sido el estallido de la indignación violeta, el de las mujeres cansadas de la no igualdad, del abuso en el sentido más amplio, de la prepotencia y la condescendencia… Tanto cansancio lleva a alguna al extremo para argumento de prepotentes y condescendientes.

2018 dice adiós y abre la puerta a un 2019 crispado -más todavía- porque hay elecciones- . Y a un 2019 que en lo económico va a ir a menos. Y ese ir a menos es el que va a afectar a las cosas de la gente. Mientras los gobernantes manejan las cifras, tuercen y retuercen estadísticas y datos para sacar provecho, sin darse cuenta de que finalmente lo que retuercen y estrujan no son números, son ciudadanos que están detrás de esos números.
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