Una década de revalorización tras la crisis
Tras tocar fondo entre 2013 y 2014, el mercado inmobiliario español inició una senda de recuperación que, lejos de agotarse, se ha intensificado desde la pandemia. A nivel nacional, el Banco de España estima que la riqueza inmobiliaria bruta de los hogares ha crecido en torno a un 60–65 % desde 2015, impulsada casi exclusivamente por el aumento de los precios de la vivienda.
Castilla-La Mancha no ha sido una excepción, aunque con un comportamiento menos especulativo y más desigual que en las grandes áreas metropolitanas. La región partía de precios bajos, lo que ha permitido subidas porcentuales relevantes sin alcanzar niveles de sobrecalentamiento.
El parque de viviendas: la base del patrimonio
Castilla-La Mancha cuenta con aproximadamente 1,36 millones de viviendas, en su mayoría en propiedad, lo que refuerza el peso del ladrillo en el patrimonio de las familias. A partir de datos demográficos y de estructura territorial, el reparto aproximado del parque residencial sería el siguiente:
La estimación se basa en la distribución de población, hogares y vivienda habitual.
Cuánto vale hoy la vivienda en cada provincia
Los precios medios por metro cuadrado en 2024-2025 muestran una Castilla-La Mancha claramente segmentada:
Toledo concentra el mayor volumen patrimonial por tamaño del parque, mientras que Guadalajara destaca por el mayor valor medio de sus viviendas.
Cómo ha crecido la riqueza inmobiliaria en diez años
Aplicando la evolución histórica de precios —alineada con la media nacional, pero ajustada al dinamismo local— se obtiene una estimación del crecimiento del patrimonio inmobiliario:
Crecimiento estimado 2015–2025
El balance regional apunta a un incremento agregado cercano al 60 % en una década, impulsado por la recuperación poscrisis, los bajos tipos de interés durante años y el reciente tensionamiento de la oferta.
El último lustro: subidas más moderadas, pero continuas
Entre 2020 y 2025, el crecimiento se ha mantenido, aunque de forma más selectiva:
Una riqueza creciente… pero desigual
El aumento del valor inmobiliario ha reforzado el patrimonio de las familias propietarias, pero también ha acentuado brechas territoriales y generacionales. Donde el parque es antiguo y la demanda débil, el efecto riqueza es limitado; donde la presión demográfica y laboral empuja los precios, el patrimonio crece con rapidez.
Además, este incremento es bruto, no neto: no descuenta hipotecas ni tiene en cuenta la menor liquidez del activo inmobiliario, un factor clave en regiones con envejecimiento poblacional.