Economía

Castilla-La Mancha, potencia renovable: ¿ventaja competitiva real o oportunidad aún por consolidar?

ENERGÍAS RENOVABLES

CLM consolida como una de las grandes despensas eléctricas de España, pero el desafío ya no es generar más, sino transformar ese superávit energético en empleo estable y tejido productivo propio.

CLM21 | Viernes 27 de febrero de 2026
Castilla-La Mancha se ha situado en los últimos años entre las principales potencias renovables del país. Según los últimos datos del sistema eléctrico publicados por Red Eléctrica de España, la comunidad supera ya los 15.000 megavatios (MW) de potencia instalada, de los cuales más de 9.000 MW corresponden a energía eólica y fotovoltaica. Solo la solar roza los 6.000 MW, impulsada por grandes desarrollos en provincias como Ciudad Real y Cuenca.

La región genera anualmente muy por encima de su demanda interna, lo que la convierte en exportadora neta de electricidad hacia otros territorios. En términos de mix energético, más del 75 % de la producción eléctrica regional procede de fuentes renovables, muy por encima de la media nacional. Sin embargo, el verdadero debate no está ya en la capacidad de generación, sino en la capacidad de transformar esa fortaleza en una ventaja competitiva real.

Superávit energético estructural

El despliegue fotovoltaico ha sido especialmente intenso en la última década. Grandes plantas solares se han instalado en amplias superficies de suelo rústico, aprovechando la irradiación y la disponibilidad de terrenos. La eólica, con más de 4.500 MW operativos, mantiene igualmente un peso estructural en el sistema regional.

Este crecimiento ha permitido a Castilla-La Mancha posicionarse como una de las comunidades que más electricidad aporta al sistema nacional. En determinados momentos del año, la producción regional llega a duplicar el consumo interno. La consecuencia es clara: la región es clave para la estabilidad energética del país.

Pero producir energía no implica necesariamente industrializar el territorio.

Puertollano y el hidrógeno verde como laboratorio

En Puertollano se ubica uno de los proyectos más emblemáticos de transición energética en España. La planta de hidrógeno verde impulsada por Iberdrola combina generación solar, almacenamiento y electrólisis para suministrar hidrógeno renovable a la industria química de la zona. El proyecto ha movilizado inversiones superiores a los 150 millones de euros y sitúa a la localidad como referencia tecnológica.

Puertollano, históricamente vinculada al refino y la petroquímica, busca así redefinir su perfil industrial. El hidrógeno se presenta como vector estratégico, aunque aún debe consolidar demanda estable y competitividad en costes frente a alternativas fósiles.

El reto es que estos proyectos no queden aislados ni dependan exclusivamente de subvenciones o fondos europeos, sino que generen una cadena de valor sólida en fabricación, ingeniería y mantenimiento.

Energía abundante, pero industria limitada

Uno de los argumentos habituales es que la disponibilidad de energía renovable barata debería atraer empresas electrointensivas. Sin embargo, el precio final que paga la industria depende no solo de la generación, sino también de peajes, fiscalidad y costes regulatorios.

Además, el crecimiento acelerado de instalaciones ha generado tensiones en determinados nudos de evacuación, con limitaciones de acceso a red que pueden retrasar nuevas inversiones industriales. La saturación de infraestructuras eléctricas y los plazos administrativos prolongados son hoy señalados como uno de los principales frenos para convertir la potencia instalada en proyectos fabriles concretos.

Mientras tanto, buena parte del dinamismo económico se concentra en el eje logístico de Illescas, Seseña y el entorno de Toledo, más vinculado a almacenamiento y distribución que a industria de alto valor añadido.

¿Territorio productor o polo industrial verde?

Castilla-La Mancha dispone de recursos naturales, suelo y ubicación estratégica en el centro peninsular. Cuenta además con una de las mayores tasas de penetración renovable del país y una producción eléctrica que supera ampliamente su consumo. Sin embargo, el riesgo de consolidarse únicamente como territorio generador para abastecer a otros polos industriales es real.

La oportunidad pasa por vincular la transición energética a una política industrial activa que favorezca la implantación de fábricas, centros tecnológicos y proyectos ligados a la economía verde. La captación de inversiones en almacenamiento energético, hidrógeno, biometano o manufacturas asociadas será determinante.

TEMAS RELACIONADOS:


Noticias relacionadas