El Banco Central Europeo (BCE) afronta este jueves una nueva subida de los tipos de interés de 25 puntos básicos, hasta el 2,5%, en un escenario marcado por el repunte de la inflación y el fuerte encarecimiento de la energía. Los mercados dan prácticamente por descontado este movimiento, por lo que el foco se desplaza ya hacia diciembre y hacia la posibilidad de que el organismo vuelva a endurecer su política monetaria hasta situar la tasa de referencia en el 2,75%.
La decisión llega en un momento especialmente complejo para la política monetaria europea. La inflación de la eurozona ha escalado hasta el 3,3% en agosto, cuatro décimas más que en julio, impulsada principalmente por la energía. En concreto, los precios energéticos han pasado de crecer a una tasa del 10,3% al 14,4% interanual.
El repunte general de los precios, sin embargo, presenta algunos elementos que permiten al BCE mantener cierta cautela. La inflación subyacente, que elimina los componentes más volátiles, se ha moderado una décima, hasta el 2,1%. El dato apunta a que, por ahora, el incremento de los costes energéticos no se está trasladando de forma generalizada al resto de la economía.
Una subida de tipos más preventiva que expansiva
El movimiento previsto del BCE responde así más a una estrategia preventiva que a la necesidad de frenar una economía sobrecalentada. El objetivo es evitar que el shock energético termine trasladándose a salarios, servicios y otros bienes y genere los denominados efectos de segunda ronda.
Los responsables más restrictivos del banco central han defendido en las últimas semanas la necesidad de mantener una política monetaria ligeramente restrictiva. El economista jefe del BCE, Philip Lane, ha advertido de que la inflación podría mantenerse próxima al 3% durante el resto del año, claramente por encima del objetivo del 2%.
El escenario energético añade presión. El precio del barril de Brent se mantiene por encima de los 100 dólares en un contexto de creciente tensión geopolítica en Oriente Próximo y con el riesgo de nuevos incrementos del gas. Para el BCE, el problema reside en evitar que una perturbación inicialmente localizada en la energía termine convirtiéndose en una inflación más persistente.
El 2,5% marca la frontera para el BCE
La subida hasta el 2,5% tiene además una relevancia especial porque este nivel coincide con el límite superior del rango de tipos de interés considerado neutral por el BCE. Este concepto define, de forma aproximada, el nivel en el que la política monetaria ni estimula ni frena la actividad económica.
Superar ese umbral tendría, por tanto, una lectura diferente. Una eventual subida hasta el 2,75% en diciembre supondría entrar claramente en terreno restrictivo y aumentaría la presión sobre el consumo, la inversión y la financiación de hogares y empresas.
De ahí que la decisión de diciembre sea más relevante que la de este jueves. Mientras la subida inmediata está prácticamente incorporada a las expectativas de los mercados, la incógnita reside en si la persistencia del shock energético será suficiente para justificar un nuevo incremento de los tipos.
El BCE se enfrenta al dilema entre inflación y crecimiento
La principal dificultad para Fráncfort es que el origen del actual repunte de los precios se encuentra en buena medida en la energía. Una subida de tipos puede limitar la capacidad de trasladar el encarecimiento energético al resto de los precios, pero no puede actuar directamente sobre el precio del petróleo o del gas.
Un endurecimiento excesivo podría, por tanto, terminar debilitando la demanda y la inversión sin solucionar la causa inicial de la inflación. Este riesgo cobra especial importancia en un momento en el que los mercados de deuda también están sometidos a presión y los Estados afrontan mayores costes de financiación.
El BCE tendrá que equilibrar así dos riesgos contrapuestos: permitir que una inflación cercana al 3% se prolongue demasiado o endurecer la política monetaria hasta provocar un deterioro innecesario de la actividad económica.
Diciembre concentra ahora la incertidumbre
El debate dentro del Consejo de Gobierno refleja precisamente esta disyuntiva. Los miembros más restrictivos pueden defender una nueva subida hasta el 2,75% si los precios energéticos continúan elevados y aparecen señales de contagio hacia la inflación subyacente.
Las posiciones más moderadas, por el contrario, consideran que todavía no existen evidencias suficientes de una generalización de las presiones inflacionistas y advierten del riesgo de llevar los tipos a un nivel claramente restrictivo mientras el repunte siga concentrado fundamentalmente en la energía.
Las nuevas previsiones macroeconómicas que publique el BCE serán determinantes para conocer cuál de los dos escenarios gana peso. La evolución de las expectativas de inflación, especialmente para 2027, será una de las principales referencias para anticipar los próximos movimientos.