Economía

La industria de Castilla-La Mancha crece cuatro veces más que España y afronta el reto de convertir el tirón en un cambio estructural

INDUSTRIA

La producción industrial encadena cinco meses de crecimiento, las exportaciones avanzan un 9% y grandes proyectos como Hydnum Steel o los centros de datos de Talavera elevan las necesidades de energía, suelo, infraestructuras y trabajadores cualificados

CLM21 | Jueves 08 de octubre de 2026

Castilla-La Mancha está acelerando su actividad industrial a un ritmo muy superior al del conjunto de España. La producción de sus fábricas aumentó un 7,2% interanual en agosto, frente al 1,6% registrado en el conjunto del país, y encadena ya cinco meses consecutivos de crecimiento. Pero el dato del Índice de Producción Industrial (IPI) es solo una parte de una fotografía más amplia: las exportaciones también avanzan con fuerza, se multiplican los proyectos de inversión y la región intenta captar una nueva generación de actividades vinculadas a la industria tecnológica, energética y de transformación.



El reto, por tanto, ya no es únicamente conseguir que la industria produzca más. Castilla-La Mancha se enfrenta a la necesidad de crear las condiciones para que ese crecimiento pueda mantenerse y convertirse en un cambio estructural de su economía.

La producción industrial regional creció un 7,6% en abril, un 11,1% en mayo, un 5% en junio, un 0,4% en julio y volvió a acelerarse hasta el 7,2% en agosto. En lo que va de año, el avance acumulado es del 1,6%, ligeramente superior al 1,4% nacional.

El comportamiento de agosto sitúa a Castilla-La Mancha entre las comunidades con mayor crecimiento industrial, aunque todavía lejos de poder hablar de una expansión homogénea de todas sus ramas.

Los bienes intermedios tiran del crecimiento

El dato más significativo del último mes se encuentra en el tipo de bienes que están impulsando la producción.

Los bienes intermedios aumentaron un 16,3%, más del doble que el índice general. Los bienes de consumo crecieron un 9%, aunque con grandes diferencias entre sus componentes: los bienes de consumo no duradero aumentaron un 10,7%, mientras los duraderos se desplomaron un 15,4%.

Los bienes de equipo, directamente vinculados a la inversión productiva, tuvieron un comportamiento mucho más moderado, con un crecimiento del 2,4%, mientras que la energía aumentó un 3,3%.

La composición del crecimiento resulta relevante porque apunta a una mayor actividad en productos que sirven como insumos para otros procesos industriales. No se trata únicamente de que aumente la fabricación de bienes destinados al consumidor final, sino de que gana intensidad la producción que alimenta otras cadenas productivas.

El fenómeno encaja con el comportamiento registrado en meses anteriores en determinadas actividades industriales y abre una cuestión de mayor alcance: qué tipo de industria está creciendo en Castilla-La Mancha y hasta qué punto está cambiando el perfil productivo de la región.

Las exportaciones confirman el tirón

La evolución industrial tiene además un reflejo en el exterior. Castilla-La Mancha exportó 5.973,5 millones de euros entre enero y junio, un 9% más que en el mismo periodo del año anterior.

La región se situó así entre las comunidades con mayor crecimiento de sus ventas exteriores. Solo en junio las exportaciones alcanzaron 1.079,1 millones de euros, un 17,8% más interanual. Guadalajara destacó especialmente, con un incremento del 46,5%, mientras Toledo elevó sus ventas exteriores un 13%.

La combinación de ambos indicadores —producción industrial y exportaciones— ofrece una señal más sólida que cualquiera de ellos por separado. La industria regional no solo está fabricando más: una parte creciente de esa actividad encuentra salida en los mercados exteriores.

La cuestión ahora es si este dinamismo puede mantenerse cuando desaparezcan los efectos coyunturales y, sobre todo, si las nuevas inversiones permitirán aumentar de forma permanente la capacidad productiva de la región.

De la industria tradicional a una nueva generación de proyectos

Es en este punto donde la fotografía empieza a cambiar.

Castilla-La Mancha está intentando aprovechar su posición geográfica, su disponibilidad de suelo, su capacidad energética renovable y sus conexiones logísticas para atraer proyectos industriales de gran dimensión.

Uno de los ejemplos más destacados es Hydnum Steel, que proyecta en Puertollano una planta de acero verde con una inversión superior a los 1.500 millones de euros y más de 5.000 empleos entre directos e indirectos en sus distintas fases. El proyecto pretende producir acero mediante procesos basados en electricidad, hidrógeno y energías renovables, reduciendo un 98% la huella de carbono respecto a las tecnologías convencionales.

El proyecto ha conseguido además una pieza crítica para su desarrollo: 500 MW de capacidad de acceso a la red eléctrica en el nudo de Brazatortas, asociados a una inversión de 1.271 millones de euros según la adjudicación del Ministerio para la Transición Ecológica.

No es una inversión industrial convencional. Por volumen, consumo energético y tecnología, representa precisamente el tipo de proyecto que puede modificar el peso de la industria dentro de una economía regional.

Talavera mira hacia la industria tecnológica

El cambio tampoco se limita a la industria pesada.

Talavera de la Reina se encuentra inmersa en la transformación de su modelo productivo alrededor de los centros de datos y la inteligencia artificial. El proyecto de campus de centros de datos de Meta contempla una inversión privada de 750 millones de euros y la creación de 250 empleos directos y otros 300 durante la construcción, según la Junta. El proceso urbanístico ha avanzado hasta la aprobación de la reparcelación, que abre ahora la fase de tramitación de los proyectos constructivos.

A este proyecto se suma la iniciativa de Substrate AI, para un centro de datos de inteligencia artificial de 25.000 metros cuadrados en el polígono de Torrehierro, con capacidad para prestar servicio a más de 1.000 empresas.

Son actividades diferentes a las industrias manufactureras tradicionales, pero comparten una característica: requieren grandes inversiones y demandan infraestructuras específicas, especialmente energía y conectividad.

La diversificación, por tanto, no significa que desaparezcan los sectores industriales tradicionales. Significa que Castilla-La Mancha está intentando sumar nuevas actividades de mayor intensidad tecnológica y energética a su tejido productivo.

La electricidad se convierte en un factor industrial

El crecimiento plantea, sin embargo, un problema que hace unos años ocupaba un lugar mucho menor en las estrategias de localización empresarial: la disponibilidad de red eléctrica.

Los nuevos proyectos industriales y tecnológicos necesitan potencia. Y en determinados puntos de la red las solicitudes empresariales superan la capacidad disponible, hasta el punto de que el Ministerio ha tenido que recurrir a concursos para asignar capacidad entre diferentes iniciativas.

La respuesta pasa por nuevas infraestructuras.

En La Sagra, Red Eléctrica inició en enero las obras de una nueva subestación de 400/220 kV con una inversión aproximada de 30 millones de euros. La infraestructura está concebida para reforzar el mallado de la red, mejorar la seguridad del suministro y facilitar la integración de nuevas demandas y proyectos renovables.

En la provincia de Toledo también se han ampliado las subestaciones de Calera y Chozas y Torrijos. En el primer caso, las nuevas posiciones están destinadas, entre otras funciones, a atender las demandas de consumidores electrointensivos y reforzar el tejido productivo de la zona.

El mensaje económico es evidente: la energía ha dejado de ser únicamente un coste para convertirse también en una condición previa para atraer industria.

Una empresa puede disponer de suelo, financiación y demanda para instalarse en Castilla-La Mancha y, sin embargo, tener que esperar a que exista capacidad suficiente en la red para poder poner en marcha el proyecto.

El crecimiento también pone a prueba las infraestructuras

La electricidad no es el único cuello de botella.

El desarrollo de nuevos proyectos industriales y tecnológicos incrementa la demanda de carreteras, ferrocarril, logística, agua, telecomunicaciones y suelo preparado para acoger actividad económica.

El desafío es especialmente visible en los territorios que están recibiendo proyectos de mayor dimensión.

Talavera constituye un buen ejemplo. La llegada de proyectos como el campus de centros de datos de Meta está obligando a anticipar necesidades que van más allá del propio polígono industrial. El Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha ha advertido precisamente de la necesidad de aumentar la oferta residencial de la ciudad ante la llegada de nuevos proyectos y trabajadores.

La consecuencia es que la política industrial empieza a desbordar el perímetro de los polígonos. Atraer una fábrica, un centro de datos o una gran instalación tecnológica implica también preparar las ciudades y los territorios que deben acoger a sus trabajadores.

El reto de los trabajadores cualificados

El otro gran desafío es el capital humano.

La industria que se está intentando atraer no demanda únicamente mano de obra. Necesita técnicos de mantenimiento, especialistas en automatización, electricidad, electrónica, programación, procesos industriales, logística avanzada o gestión energética.

Y aquí aparece una de las principales contradicciones del actual momento económico regional. Castilla-La Mancha mantiene todavía 118.133 personas inscritas como desempleadas, aunque la mayor parte del desempleo se concentra en los servicios. En septiembre, el número de parados de la industria aumentó en 34 personas, hasta 9.989.

La existencia de desempleo no significa, sin embargo, que las empresas puedan cubrir automáticamente sus necesidades de personal. La cuestión es el ajuste entre los perfiles disponibles y los puestos que requiere la nueva industria.

De ahí que la formación profesional y la adaptación de la oferta formativa adquieran un papel estratégico. El reto consiste en conseguir que una parte creciente de los trabajadores que necesitan las nuevas inversiones pueda formarse y encontrar empleo en la propia región.

Cinco provincias, cinco realidades industriales

El proceso tampoco está siendo uniforme territorialmente.

Guadalajara aprovecha su proximidad a Madrid y su fuerte especialización logística y empresarial. Toledo combina la expansión del eje de La Sagra con nuevas demandas vinculadas a industria, logística y tecnología. Puertollano intenta aprovechar su tradición industrial y energética para posicionarse en la nueva economía descarbonizada. Albacete mantiene una base industrial vinculada, entre otros sectores, a la aeronáutica y la fabricación. Y Cuenca busca reforzar sus infraestructuras para atraer actividad a un territorio con menor densidad empresarial.

Esta diversidad puede convertirse en una ventaja si la región consigue desarrollar varios polos industriales complementarios en lugar de concentrar todo el crecimiento en unas pocas áreas.

Pero también obliga a adaptar las inversiones públicas a las necesidades concretas de cada territorio.

La oportunidad de crear un ecosistema industrial

El verdadero salto, por tanto, no se producirá únicamente cuando una gran empresa abra sus puertas.

El impacto económico de una inversión aumenta cuando alrededor de ella aparecen proveedores, empresas auxiliares, servicios especializados, centros de formación, nuevas infraestructuras y otras compañías que aprovechan el mismo ecosistema.

Ese es uno de los principales retos que afronta Castilla-La Mancha: pasar de atraer proyectos individuales a construir ecosistemas industriales capaces de generar actividad de forma permanente.

Hydnum Steel puede convertirse en un ejemplo de este proceso si su inversión genera una cadena de proveedores vinculada al acero, la automoción, la ingeniería, la energía y la logística. Los centros de datos de Talavera pueden tener un efecto similar si consiguen atraer empresas tecnológicas, servicios especializados y nuevas actividades digitales.

En ambos casos, el impacto final será mucho mayor que el número de empleos directos anunciados.

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