El gasto en consumo de los hogares se disparó un 6,2%, alcanzando los 937.447 millones de euros, en un contexto marcado por la normalización de los hábitos tras los años de incertidumbre y por una mejora del mercado laboral. Este mayor apetito por el consumo explica que, pese a que la renta disponible aumentó un 5,3% —hasta 1.064.458 millones—, el ahorro total se redujera ligeramente un 0,6%, hasta 128.126 millones.
Menos colchón, más actividad económica
El descenso de la tasa de ahorro no debe interpretarse únicamente en clave negativa. En términos macroeconómicos, el giro hacia el consumo refuerza el crecimiento económico a corto plazo, al impulsar la demanda interna, uno de los principales motores del PIB. Sin embargo, también reduce el colchón financiero de las familias, lo que puede aumentar su vulnerabilidad ante eventuales shocks, como subidas de tipos o un deterioro del empleo.
A este comportamiento se suma un repunte significativo de la inversión de los hogares, que creció un 10,1% en 2025 hasta situarse en 79.685 millones de euros. Este dato apunta a un mayor dinamismo en decisiones como la compra de vivienda o la mejora de activos, en línea con la recuperación de la confianza económica.
Capacidad de financiación a la baja
Pese a la menor tasa de ahorro, las familias mantuvieron una capacidad de financiación positiva. En concreto, generaron un excedente de 48.664 millones de euros, suficiente para cubrir su inversión, aunque esta cifra supone una caída del 22,3% respecto a 2024. Es decir, los hogares siguen siendo financiadores netos de la economía, pero con menor intensidad.
Este retroceso se enmarca en una tendencia más amplia. El conjunto de la economía española registró en 2025 una capacidad de financiación de 66.741 millones de euros, equivalente al 4% del PIB, por debajo del 4,3% del año anterior. La ligera caída —1.971 millones menos— refleja un equilibrio más ajustado entre ahorro e inversión a nivel nacional.
El papel del sector público
En paralelo, las Administraciones Públicas redujeron su necesidad de financiación un 21,3%, hasta los 40.330 millones de euros. Este ajuste contribuye a sostener la posición exterior de la economía española, compensando parcialmente la menor aportación de los hogares.
El cruce de estos datos apunta a un cambio de fase: tras años en los que el ahorro actuó como refugio frente a la incertidumbre, los hogares han vuelto a asumir un papel más activo en el ciclo económico, impulsando el consumo y la inversión. La clave a partir de ahora será comprobar si este patrón se consolida sin erosionar en exceso la solidez financiera de las familias en un entorno aún condicionado por la inflación y la política monetaria.