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La que se avecina: El principio del fin de Cs, la refundación del PP, el Vox de agobiados y cabreados y Podemos pidiendo “más madera”

La que se avecina: El principio del fin de Cs, la refundación del PP, el Vox de agobiados y cabreados y Podemos pidiendo “más madera”

  • Cataluña en la mitad de la mitad de independentistas y la mitad de la mitad de constitucionalistas. La otra mitad no fue a votar
  • Del “hijo del terrorista” de Cayetana Álvarez de Toledo a Iglesias es delito, a la defensa de la libertad de expresión de Hasél

jueves 18 de febrero de 2021, 22:19h
En Cataluña la situación sigue dividida a cuchillo: La mitad por la independencia y la otra mitad por el Estado Constitucional. Y claro que todo ello teniendo en cuenta que la mitad se quedó en casa. Hubo miedo por los contagios. Hubo también cansancio y hartazgo de la clase política. Ni la economía ni la gestión llenaron las urnas en un sentido o en otro. Tampoco Bárcenas. Hubo voto hacia posiciones inequívocas, claras y expresadas de forma directa: Junts, CUP o Vox. Hubo voto por la izquierda con el corazón partido, entre los republicanos independentistas (ERC) y los republicanos-monárquicos federalistas (PSC). Y hubo la herencia de esa izquierda histórica catalana de mayor peso que su hermana confederal, la izquierda radical nacional (UP).
Iván Redondo, el jefe de gabinete de Pedro Sánchez, que se metió en la campaña, se anota otro éxito frente a sus detractores. El PSOE gana como fuerza hegemónica de Cataluña, aunque ha visto afianzado a su rival territorial, ERC. Redondo jugó a eso de dar ala a Vox y minimizar y ningunear al PP con la vista puesta en Madrid (Palacios de las Cortes y de La Moncloa).

El fracaso del PP no es tanto como se ha querido trasladar. El PP tiene un problema tradicional en Cataluña y el País Vasco, dos territorios donde no consigue tener fuerza y poco a poco va perdiendo fuelle. El fracaso del PP ha sido el de no haber captado el voto del cansancio frente al nacionalismo catalán excluyente. Ese ha sido el éxito de Vox.

Si ese éxito se traslada al resto de España en la medida de captar el cansancio frente al gobierno de coalición, se producirá una mayor división de las propuestas de la derecha, lo que, en función de la ley electoral favorecerá al partido hegemónico de la izquierda, el PSOE. Esa era la idea de Iván Redondo, el nuevo gurú.

Podemos piensa en buscarse su espacio volviendo a la calle y haciendo de oposición al gobierno del que forma parte. Lo de la tensión en la calle -léase esta semana Pablo Hasél- sirve para dar titulares que tapen lo de Neurona, Monedero, imputaciones, palabras como financiación irregular, lo de la nani-jefa de gabinete adjunta y tantos otros quebraderos de los de Pablo Iglesias y su corte de leales altos cargos.

Lo de Podemos va a depender en gran medida de la situación económica y de la contestación social que se dé a esa situación. Ahora juega a la ley del embudo. El partido instrumentaliza todo lo que esté a su alcance para tratar de mantener una imagen diferenciada. Cayetana Álvarez de Toledo dice que Iglesias es hijo de un terrorista (Congreso de los Diputados. Mayo 2020. No figura en el Diario de Sesiones, porque la presidenta Battet censuró las palabras de la portavoz del PP). El líder de Podemos responde y califica estas palabras de delito y pide a su padre que “ejerza las acciones oportunas”. Para Iglesias es déficit democrático y falta de libertad de expresión que se meta en la cárcel a un rapero por algunas de las expresiones de sus canciones. Basta buscar las letras del rapero para econtrarse expresiones como «Muchos temporeros durmiendo al raso están en peores condiciones que Ortega Lara y sin haber sido carceleros torturadores», “es un error no escuchar lo que canto, como Terra Lliure dejando vivo a Losantos”, «no me da pena tu tiro en la nuca, ‘pepero’. Me da pena el que muere en una patera. No me da pena tu tiro en la nuca, ‘socialisto’. Me da pena el que muere en un andamio» o «¡merece que explote el coche de Patxi López!».

Lo de Ciudadanos estaba escrito. Fue un partido nacido como centroderecha moderna que debería facilitar la gobernabilidad (a un lado y a otro) y evitar el peso de las fuerzas extremas. En menos de un año ha roto esa dimensión. Jugó a dar el “sorpasso” al PP. Se negó a facilitar la gobernabilidad de Sánchez, que finalmente tuvo que abrazar a Podemos, un partido que, a su vez, trató de meter en el abrazo a Bildu y a Esquerra, lastrando la imagen nacional del PSOE. Y, por último, la formación naranja perdió fuerza en Cataluña, la tierra que la vio nacer y que le hizo la fuerza más votada en las anteriores autonómicas catalanas.

El futuro apunta a que Ciudadanos estará sujeto a una lucha entre resistir o disolverse en el PP, lo que permitiría una operación de ruptura de los de Casado con el pasado que persigue a los populares. Un proceso en el que el PSOE tratará de captar altos cargos del partido de Arrimadas. El final del libro parece claro. Falta ver cómo se van escribiendo los diferentes capítulos.

Lo del PSOE depende de Iván Redondo, que es algo así como la permanente del comité federal y el órgano reducido de la ejecutiva federal. Si logra evitar que sus jugadas a corto sigan dañando las bases sobre las que se sustenta el PSOE y que le han permitido ser el partido más firme y longevo de España, superando todas las vicisitudes, perdiendo o ganando, estando aquí o en el exilio, siendo histórico , renovado o popular…

¿Y Vox? Se ha convertido en el partido de los agobiados y cabreados de la derecha. Dependerá de si es capaz con sus mensajes de alimentar el agobio o si el PP logra introducir los mensajes de pragmatismo.

¿Y Sánchez, qué opina de eso?

Es el presidente
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