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Castilla-La Mancha, el "corazón roto" de la red viaria del Estado

Castilla-La Mancha, el 'corazón roto' de la red viaria del Estado
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  • CLM, que vertebra los grandes corredores entre Madrid, el Levante y Andalucía arrastra un deterioro estructural en sus carreteras que eleva los costes, compromete la seguridad y multiplica la factura futura de mantenimiento.

Por CLM21
miércoles 25 de marzo de 2026, 08:59h

Castilla-La Mancha no es solo territorio de paso: es un nodo logístico clave en la red viaria española, punto de conexión entre el centro peninsular y los principales ejes económicos del país. Sin embargo, ese papel estratégico tiene un coste creciente. Según el último informe de la Asociación Española de la Carretera (2025/2026), la comunidad se sitúa entre las tres autonomías con peor estado de conservación de sus carreteras, junto a Aragón y Galicia.

El diagnóstico es contundente. El déficit acumulado para situar la red viaria regional en un nivel de “aprobado” asciende a 1.801 millones de euros. Una cifra que refleja años de infrafinanciación y que se distribuye de forma desigual en función de la titularidad de las vías.

En el caso de la red estatal, gestionada por el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, el déficit de mantenimiento alcanza los 569 millones de euros en Castilla-La Mancha. Este deterioro se concentra principalmente en las grandes autovías radiales —A-2, A-3, A-4, A-5 y A-31— y en carreteras nacionales como la N-301, N-400 o N-430. El problema, según el informe, no radica tanto en la dotación presupuestaria nominal como en su ejecución real, centrada en actuaciones de urgencia que posponen las intervenciones estructurales, como el reasfaltado integral.

Frente a ello, la red autonómica ha registrado en los últimos años una mejora relativa gracias a inversiones en señalización y firmes, lo que ha ampliado la brecha de conservación respecto a las vías estatales.


Radiografía territorial: el desgaste no es uniforme
El deterioro de la red viaria no afecta por igual a toda la región. La presión del tráfico pesado y el reparto territorial de la inversión marcan diferencias significativas entre provincias. Cuenca y Toledo concentran algunos de los tramos más degradados, especialmente en corredores de alta capacidad como la A-3, la A-5 o la A-42, donde el tránsito intensivo acelera el desgaste del firme.

El problema estructural: un pavimento al límite

Más allá de grandes infraestructuras como puentes o túneles, el principal punto débil de la red estatal en Castilla-La Mancha es el pavimento. El informe identifica patologías extendidas que evidencian el agotamiento de la vida útil de las carreteras.

La denominada “piel de cocodrilo” —grietas interconectadas en la superficie— está presente en el 45% de las carreteras nacionales de la región. Este fenómeno es indicativo de un fallo estructural del firme que requiere actuaciones profundas, no simples reparaciones superficiales.

A ello se suma el deterioro de la señalización horizontal. El 60% de las marcas viales presenta niveles de retrorreflexión por debajo de los estándares de seguridad, lo que compromete especialmente la conducción nocturna.

El coste de no actuar es exponencial. Según los expertos, cada euro que se deja de invertir hoy en mantenimiento preventivo se traduce en un gasto de hasta 25 euros en un plazo de cinco años, cuando la vía requiere ya una reconstrucción integral.

Más peligro y más gasto para el conductor

El impacto del deterioro viario no se limita a la infraestructura: repercute directamente en los usuarios. Circular por carreteras en mal estado no solo incrementa el riesgo de accidente, sino que también encarece el coste de conducción.

En Castilla-La Mancha, el mal estado del firme provoca un aumento medio del 12% en el consumo de combustible debido a la mayor resistencia al rodamiento. Además, acelera el desgaste de componentes clave del vehículo, como neumáticos y amortiguadores, generando un sobrecoste estimado de unos 310 euros anuales por vehículo.

La respuesta del Estado: medidas paliativas

Ante este escenario, el Gobierno está desplegando el modelo de “conservación por resultados”, con el objetivo de mejorar la eficiencia del mantenimiento. Entre las principales actuaciones destacan los contratos de conservación mixta, ya renovados en sectores como Toledo y Ciudad Real, que obligan a las empresas adjudicatarias a reparar incidencias como baches en un plazo de 24 a 48 horas desde su detección.

En paralelo, se está ejecutando un plan de renovación de señalización vertical y horizontal para adaptarla a los estándares actuales de visibilidad, especialmente en condiciones nocturnas.

Asimismo, en algunos tramos cercanos a Albacete se están probando mezclas bituminosas recicladas, una solución que busca reducir tanto los costes como la huella de carbono de las intervenciones.

Un reto estructural

Pese a estas medidas, el informe apunta a que el problema de fondo sigue siendo estructural. Castilla-La Mancha, como eje vertebrador del tráfico nacional, soporta una carga que no siempre se corresponde con el nivel de inversión recibido. El resultado es una red viaria tensionada, donde el mantenimiento correctivo ha sustituido al preventivo, comprometiendo tanto la seguridad como la competitividad logística de la región.

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