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La tragedia de Adamuz aviva la bronca política y cuestiona la gestión de las infraestructuras públicas

La tragedia de Adamuz aviva la bronca política y cuestiona la gestión de las infraestructuras públicas
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(Foto: Pool Moncloa/Fernando Calvo. Adamuz (Córdoba))
Por CLM21
miércoles 21 de enero de 2026, 12:44h
El descarrilamiento y posterior colisión de dos trenes de alta velocidad en Adamuz (Córdoba) el pasado domingo —uno de ellos de la compañía Iryo y otro de Renfe— ha dejado al menos 42 muertos y decenas de heridos, y ha convulsionado el (y de por sí abrupto) ambiente político nacional. España vive un momento de duelo mientras se multiplican las voces institucionales y partidistas que exigen responsabilidades y reflexionan sobre la seguridad del ferrocarril.

Desde las filas socialistas, el discurso oficial se ha centrado en la atención a las víctimas y en la necesidad de unidad en un momento de dolor profundo. Sánchez insistió en que las autoridades trabajan “sin descanso” para esclarecer lo ocurrido y atender a los heridos, insistiendo en que “la transparencia y la claridad” serán ejes de la gestión de la crisis.

Además, cargos del Gobierno han alertado sobre el avance de rumores interesados y "fake news" en redes sociales que puedan enturbiar el proceso de investigación.

El PP: críticas al Gobierno y presión interna

Inicialmente, el Partido Popular mantuvo un tono institucional y expresó sus condolencias; sin embargo, la tensión ha ido en aumento. Sectores del PP critican la falta de comunicación directa entre el Ejecutivo y la oposición tras la tragedia, asegurando que las informaciones les llegaron a través de medios y autoridades autonómicas y no por canales institucionales habituales.

La dirección popular sostiene que en tragedias anteriores se produjo un diálogo directo entre líderes y acusa al Gobierno de intentar controlar el flujo de información. Aunque el PP insiste en no querer politizar la tragedia, parte de su militancia interna presiona para pedir responsabilidades al Ejecutivo por la gestión de las infraestructuras ferroviarias

Vox: responsabilizar al Gobierno y desconfianza

Desde la extrema derecha, el líder de Vox, Santiago Abascal, ha seguido de cerca la evolución de los hechos y utilizó las redes sociales para expresar “desolación”, pero también para cuestionar la actuación del Ejecutivo. En su mensaje afirmó que no confía en la respuesta gubernamental ante la tragedia, sugiriendo que la falta de acción y supervisión eficaz forma parte de un problema estructural

Otras voces y debates en el hemiciclo

En el Congreso de los Diputados, el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, ha generado controversia al criticar comparaciones entre el accidente de Adamuz y otras crisis, como la gestión de la DANA en Valencia. Rufián considera “anormal” poner en el mismo plano una tragedia ferroviaria —un accidente repentino— y una catástrofe meteorológica con previsión y respuesta institucional debatida, lo que ha provocao reproches cruzados con otros grupos.

Por su parte, desde las dilas de Podemos han expresado su “preocupación” por la tragedia y trasladó su solidaridad con pasajeros y familias afectadas, sumándose al reconocimiento del trabajo de los servicios de emergencia.

Sindicatos y presión social por la seguridad

Más allá del debate político tradicional, sindicatos del sector ferroviario han pasado a la acción. El Sindicato Español de Maquinistas Ferroviarios (SEMAF) ha anunciado una huelga general en todo el sector, denunciando el “deterioro inaceptable” de la red ferroviaria tras los accidentes de Adamuz y Gelida (Barcelona) ocurridos en días consecutivos. Reclaman mejoras urgentes en infraestructuras y mecanismos de seguridad que, en su opinión, han sido insuficientes.

Estas movilizaciones vienen tras años de llamadas de atención de colectivos y conductores sobre posibles fallos o desgaste en tramos críticos, lo que ha añadido una dimensión laboral y de seguridad al debate nacional.

Una tragedia que reabre viejas heridas

El accidente de Adamuz es ya considerado uno de los más graves de la historia reciente del ferrocarril español, y ha puesto nuevamente sobre la mesa cuestiones espinosas sobre mantenimiento, inversión y gestión de infraestructuras que, hasta ahora, habían estado más presentes en análisis sectoriales que en el debate político cotidiano.

En un país donde el tren de alta velocidad constituye un símbolo de eficiencia y avance, la colisión ha desencadenado reflexiones duras tanto en la esfera política como en la opinión pública, que reclama respuestas claras y acciones concretas más allá del periodo de luto.

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