Según el estudio, los sectores más creíbles son aquellos directamente vinculados al consumo cotidiano, como la alimentación y el comercio electrónico, donde la relación con el cliente es más directa y la experiencia de uso resulta más tangible. En el extremo opuesto se encuentran los sectores con servicios más complejos o percibidos como “opacos”, entre los que destacan las actividades financieras, energéticas e inmobiliarias, que concentran los niveles más bajos de confianza.
El informe subraya que la credibilidad empresarial se sostiene, principalmente, en el funcionamiento real del servicio o del producto, la claridad de la información y la capacidad de respuesta ante incidencias. En cambio, esta percepción positiva se deteriora en aquellos ámbitos que han atravesado crisis recientes, como el sector de la vivienda.
Por grupos de edad, el estudio revela que los ciudadanos de 35 a 44 años (47,6 puntos) y los mayores de 64 años (49,5 puntos) son los más críticos con las empresas españolas. En contraste, los jóvenes de 18 a 24 años (60,2 puntos) y los de 25 a 34 años (57,1 puntos) conceden las valoraciones más elevadas, un hecho que el análisis atribuye a que su relación con el tejido empresarial es “más puntual”.
El Índice Lasker también pone de manifiesto importantes diferencias territoriales. La brecha entre comunidades autónomas supera los 21 puntos, con Navarra como la región que otorga mayor credibilidad a las empresas (66,7 puntos), frente al País Vasco, que registra la puntuación más baja (45,5 puntos).
Por último, el estudio concluye que valores como la transparencia, honestidad, empatía, sostenibilidad y el compromiso ético y social son los factores que más contribuyen a reforzar la credibilidad de las empresas españolas ante la opinión pública.