Castilla-La Mancha se encuentra en un punto crucial para su futuro industrial y energético. La saturación de los principales nudos eléctricos de la región está bloqueando la puesta en marcha de nuevos proyectos, dificultando ampliaciones de empresas ya implantadas y comprometiendo la atracción de inversiones estratégicas en sectores clave como la logística, la agroalimentación tecnificada, la movilidad eléctrica o los centros de datos. Las infraestructuras han quedado por detrás de la evolución económica y de la ambición industrial de la comunidad.
En Toledo y Guadalajara, el fuerte dinamismo del eje Madrid-Corredor del Henares ha tensionado al límite la capacidad disponible en áreas como Illescas, Seseña, Marchamalo, Alovera o Cabanillas, donde además emergen grandes plataformas tecnológicas que exigen suministros de alta potencia. En Ciudad Real, la saturación se debe al volumen de producción renovable que ya absorbe la red, dificultando a la vez la electrificación industrial en zonas como Manzanares, Daimiel o Puertollano. Albacete padece un fenómeno similar: su rápido despliegue fotovoltaico supera la capacidad de evacuación disponible en nudos como Almansa, Hellín o Villarrobledo. Cuenca mantiene cierto margen, pero empieza a mostrar tensiones en el entorno de Tarancón y, en áreas rurales más dispersas, las conexiones requieren infraestructuras costosas que retrasan su ejecución.
Planificación urgente para no perder inversiones
La presión sobre los nudos eléctricos ha encendido las alarmas en el tejido empresarial de la región. Empresas que buscan ampliarse o implantarse en Castilla-La Mancha se están encontrando con una barrera inesperada: la imposibilidad de acceder a la energía necesaria.
Este cuello de botella puede traducirse en pérdidas de inversión y empleo si no se actúa con rapidez. La región, que aspira a posicionarse como polo estratégico en logística, automoción eléctrica, industria agroalimentaria avanzada o economía digital, necesita una red capaz de acompañar ese crecimiento.
Fortaleza renovable, pero falta de capacidad para evacuar la energía
Castilla-La Mancha es una de las comunidades autónomas con mayor potencia instalada en energías renovables. Sin embargo, la saturación de la red impide que parte de esa producción se aproveche y dificulta que nuevos proyectos fotovoltaicos o eólicos puedan conectarse.
El resultado es un escenario paradójico: Castilla-La Mancha genera energía limpia en abundancia, pero la falta de red para distribuirla priva a ese recurso de traducirse en riqueza, empleo y mayor competitividad regional.
La planificación eléctrica con horizonte 2030 prevé inversiones para reforzar y ampliar la red de transporte y distribución con el objetivo de atender el crecimiento previsto en demanda industrial, movilidad eléctrica y generación renovable. Sin embargo, el calendario y la magnitud de estas actuaciones no admiten demoras. El sector empresarial reclama que su ejecución sea prioritaria y coordinada, alertando de que la pérdida de oportunidades ya es real y puede intensificarse si la región no logra garantizar un suministro eléctrico ágil, suficiente y competitivo. Castilla-La Mancha se juega en esta transformación gran parte de su modelo económico para la próxima década: consolidarse como territorio atractivo para la industria sostenible, o ver cómo los proyectos que ambiciona acaban instalándose donde la energía sí tiene salida.