Entre 2021 y 2025, la infraestructura del AVE en Castilla-La Mancha ha registrado una serie de problemas que van desde averías eléctricas y fallos de señalización hasta episodios de vandalismo. En 2021, las temperaturas extremas obligaron a reducir la velocidad en algunos tramos. En 2022, las averías en subestaciones y sistemas de alimentación eléctrica provocaron retrasos generalizados en el eje Madrid–Andalucía. En 2023, el robo de cable de cobre se convirtió en una de las principales causas de interrupción del servicio, evidenciando carencias en vigilancia. En 2024, los fallos técnicos en catenaria y señalización afectaron especialmente a los trenes Avant, y en 2025 se registraron paralizaciones de trenes por problemas eléctricos y quejas de maquinistas por desgaste de vía y vibraciones.
La gravedad de estas incidencias se ha puesto de manifiesto con el accidente ferroviario de Adamuz (Córdiba), que deja al menos 43 víctimas mortales y abre un debate sobre la seguridad de la red de alta velocidad en los tramos que atraviesan Castilla-La Mancha y otras comunidades.
Mantenimiento reactivo frente a demanda creciente
El análisis de estas incidencias revela un patrón claro: la mayoría de los problemas están relacionados con la electrificación y la catenaria, seguidos de fallos en señalización, actos vandálicos y factores climáticos. Adif ha realizado actuaciones de mantenimiento ordinario y extraordinario, incluyendo renovación de catenaria, sustitución puntual de carril y balasto, inspecciones con trenes laboratorio y refuerzo de la vigilancia frente a robos. Sin embargo, estas medidas han sido mayoritariamente reactivas, adoptadas tras las incidencias y no como parte de un plan preventivo adaptado al volumen real de tráfico.
La inversión pendiente y su impacto regional
La planificación ferroviaria estatal ha priorizado nuevas líneas y anuncios de expansión, dejando en un segundo plano los tramos que atraviesan Castilla-La Mancha pese a soportar el grueso del tráfico nacional. La falta de inversión sostenida no solo afecta a la fiabilidad del AVE, sino también al desarrollo económico y territorial: influye en la movilidad laboral, en la atracción de inversiones y en la imagen de la región como nudo logístico.
Para Castilla-La Mancha, mantener una red ferroviaria segura y eficiente es clave para consolidar su papel estratégico en transporte e industria. El desafío no está en inaugurar nuevas líneas, sino en garantizar que las vías existentes soporten de manera fiable el peso diario del sistema ferroviario nacional, evitando que sucesos trágicos como el de Adamuz vuelvan a repetirse.