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Castilla-La Mancha no puede ser solo el pasillo del AVE

Castilla-La Mancha no puede ser solo el pasillo del AVE
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jueves 22 de enero de 2026, 12:00h
Actualizado el: 22 de enero de 2026, 12:33h

Castilla-La Mancha sostiene la alta velocidad española, pero no recibe un trato acorde a su papel estratégico. Cada día, cientos de trenes atraviesan la región en dirección a Andalucía, Levante y otros destinos, transportando miles de viajeros y mercancías, consolidando el corredor central de la red ferroviaria. Sin embargo, mientras el Gobierno central anuncia con gran publicidad nuevas líneas y proyectos de expansión, la infraestructura existente en nuestra región muestra signos evidentes de fatiga: fallos eléctricos, problemas de catenaria, averías en señalización y episodios de vandalismo que ponen en evidencia la vulnerabilidad de un sistema descuidado.

No se trata de simples incidencias técnicas. La realidad apunta a un problema político y de planificación: la región soporta la mayor parte del tránsito ferroviario, pero la inversión para mantener y modernizar esos kilómetros de vía ha sido insuficiente durante años. La alta velocidad requiere un cuidado constante, silencioso y meticuloso: catenaria fiable, subestaciones revisadas, señalización impecable, seguridad frente a sabotajes y mantenimiento preventivo que evite las averías antes de que afecten a los usuarios. Todo esto se ha dejado muchas veces en segundo plano frente a los titulares de inauguraciones y anuncios grandilocuentes.

El coste de esta dejadez no es abstracto. Afecta directamente a la movilidad de los ciudadanos, a la confianza de quienes viajan por motivos laborales o turísticos, y a la competitividad de Castilla-La Mancha como territorio de paso y logística. Cada retraso o incidencia genera pérdidas económicas, erosiona la imagen de fiabilidad del AVE y limita la capacidad de la región para atraer inversión y generar empleo de calidad.

El Gobierno central debe entender que la alta velocidad no se sostiene solo con nuevas líneas ni con conexiones mediáticas. La sostenibilidad de la red depende de que los kilómetros existentes reciban el mismo nivel de atención y recursos que los proyectos anunciados. Castilla-La Mancha no puede seguir siendo simplemente un corredor por el que pasan los trenes de toda España, pagando el precio del desgaste mientras otras regiones reciben los beneficios de la expansión.

Si el Estado quiere una red de alta velocidad realmente fiable, segura y competitiva, tiene que cambiar el enfoque: menos propaganda, menos inauguraciones simbólicas y más inversión real, constante y estratégica en los tramos que ya existen. Es hora de que Castilla-La Mancha deje de ser el pasillo olvidado del AVE y pase a ser un pilar sólido de la alta velocidad española, con vías que puedan soportar la demanda creciente sin riesgo de incidencias reiteradas ni perjuicio para los viajeros. Solo así se garantizará que la red funcione como lo que debe ser: un servicio público de excelencia, y no un escaparate de promesas incumplidas.

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