Así lo concluye el estudio "Evaluating the Role of Social Capital for the Design of Sustainable River Governance Strategies: The Case of Tagus River", publicado en la revista Sustainable Development y firmado por los profesores María Leticia Blázquez Gómez, Juan Antonio García Martín y José María Bodoque del Pozo.
La investigación destaca que quienes participan en la toma de decisiones sobre el Tajo (administraciones, agricultores, empresas, asociaciones ciudadanas y otros colectivos) forman una red muy fragmentada. Es decir, apenas se comunican entre sí, existe poca confianza mutua y persisten conflictos que llevan años sin resolverse. “Esta falta de capital social impide una gobernanza eficaz y bloquea las soluciones de restauración”, señalan los autores.
Para describir este fenómeno, el equipo investigador aplica el concepto de capital social: el conjunto de relaciones, redes de confianza y normas de cooperación que permiten a una comunidad funcionar y resolver problemas compartidos. Cuando ese capital social es escaso o está deteriorado, aunque existan las mejores soluciones técnicas disponibles, resulta muy difícil ponerlas en práctica.
El trabajo aplica el análisis de redes sociales a la gestión fluvial, mostrando que la ecología del río depende tanto de relaciones humanas como de caudales y embalses, y propone un enfoque de gobernanza basado en el capital social: bonding (vínculos dentro de un mismo grupo), bridging (puentes entre grupos distintos) y linking (conexiones con estructuras de poder o instituciones). Fortalecer estos tres niveles sería, según las conclusiones del estudio, la clave para diseñar políticas de gestión de los ríos más efectivas y duraderas.
“En un contexto de sequías crecientes, trasvases y preocupación pública por el agua, sin diálogo y colaboración entre los agentes implicados no habrá mejora ambiental”, indican los profesores. El modelo desarrollado podría exportarse a otros ríos con conflictos de gestión similares, tanto en España como en otros países.