La gran incógnita es si España dispone del peso diplomático suficiente para impulsar una candidatura de primer nivel y, sobre todo, cuál de los puestos que quedarán vacantes encajaría mejor en el perfil político del dirigente socialista.
La ONU, el destino más prestigioso
La principal vacante llegará con el final del mandato de António Guterres, que dejará la Secretaría General de Naciones Unidas a finales de 2026.
Sobre el papel, se trata del cargo internacional más relevante al que podría aspirar cualquier ex jefe de Gobierno. Sin embargo, también es el más complejo. La elección depende del Consejo de Seguridad y exige evitar el veto de Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia.
Además, numerosos analistas consideran que existe una fuerte presión para que el próximo secretario general proceda de una región distinta a Europa occidental e incluso para que sea una mujer, una circunstancia que podría reducir las opciones de cualquier candidato español.
La OIT emerge como una alternativa realista
Mucho más factible resulta la renovación de la dirección general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), cuyo nuevo mandato comenzará en octubre de 2027.
La organización combina experiencia política, negociación social y relaciones internacionales, ámbitos en los que Sánchez ha desarrollado buena parte de su trayectoria como presidente del Gobierno. Además, el proceso de elección está menos condicionado por los vetos geopolíticos de las grandes potencias que el de Naciones Unidas, lo que amplía el margen de maniobra de las candidaturas europeas.
La OMS exige un perfil más técnico
Otra vacante relevante llegará en 2027 con la conclusión del mandato de Tedros Adhanom Ghebreyesus al frente de la Organización Mundial de la Salud.
Aunque la dimensión política del organismo ha aumentado tras la pandemia, la OMS suele valorar especialmente trayectorias vinculadas a la salud pública, la gestión sanitaria o la cooperación internacional en materia de salud. Este factor sitúa a los perfiles políticos generalistas en una posición menos favorable que en otros organismos multilaterales.
España, mejor posicionada que hace una década
La eventual candidatura de Sánchez contaría con algunos elementos a favor. España ha incrementado su visibilidad internacional en los últimos años gracias a su protagonismo dentro de la Unión Europea, su defensa del multilateralismo y su participación en debates sobre transición energética, cooperación, política migratoria y gasto militar.
Sin embargo, la capacidad española sigue siendo limitada frente a las grandes potencias que tradicionalmente condicionan los nombramientos internacionales. La clave no dependería únicamente del prestigio personal del candidato, sino de la capacidad de Madrid para construir alianzas dentro de la Unión Europea y obtener apoyos en otros bloques regionales.
Una ventana de oportunidad con obstáculos
El calendario internacional en los próximos años y sobre todo tras las elecciones generales del 2027, abre una ventana de oportunidad para dirigentes políticos que buscan una segunda etapa en organismos multilaterales. En el caso de Pedro Sánchez, la Secretaría General de la ONU representaría el objetivo más ambicioso, pero también el más difícil de alcanzar.
Las agencias especializadas de Naciones Unidas, especialmente la OIT, aparecen como escenarios más realistas para una eventual proyección internacional una vez concluya su etapa en la política española.
En cualquier caso, las decisiones no dependerán exclusivamente de los méritos de los candidatos ni del grado de ambición de los mismos. Como ocurre habitualmente en el sistema multilateral, los equilibrios geopolíticos seguirán siendo el factor decisivo en el reparto de los grandes cargos internacionales.