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Una sanidad pequeña ante una presión extraordinaria: El modelo sanitario de Ceuta frente al de Castilla-La Mancha

Una sanidad pequeña ante una presión extraordinaria: El modelo sanitario de Ceuta frente al de Castilla-La Mancha
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(Foto: INGESA)

  • Ceuta cuenta con menos médicos que CLM, concentra su asistencia hospitalaria en un único centro y depende de derivaciones y servicios concertados, mientras la reciente llegada masiva de inmigrantes añade presión

Por CLM21
miércoles 19 de agosto de 2026, 11:44h
Actualizado el: 19/08/2026 11:56h

La sanidad de Ceuta funciona con una lógica muy diferente a la de Castilla-La Mancha. No se trata de un sistema autonómico desplegado sobre un territorio extenso, sino de una estructura sanitaria pequeña, concentrada y dependiente directamente de la Administración central. Esa configuración le permite, en algunos indicadores, ofrecer tiempos de respuesta mejores que los de Castilla-La Mancha, pero también la hace especialmente vulnerable a la falta de determinados especialistas y a incrementos bruscos de la demanda asistencial (como consecuencia de ser una zona fronteriza). Estas deficiencias se compensan con la dependencia de recursos externos, dadas las limitaciones del sistema sanitario ceutí, en forma de derivaciones a otros territorios y conciertos con la sanidad privada.

La comparación con Castilla-La Mancha permite dimensionar esa fragilidad. El SESCAM tiene que garantizar la atención sanitaria en cinco provincias y más de 79.000 kilómetros cuadrados, con una población dispersa entre grandes ciudades, municipios rurales y cientos de consultorios. Ceuta concentra prácticamente toda su asistencia hospitalaria en un único centro de referencia y cuenta con una red mucho más reducida.

La paradoja aparece en las listas de espera: Ceuta tenía a finales de 2025 una demora quirúrgica de 66 días, frente a los 108 de Castilla-La Mancha, según el indicador homogéneo de procesos quirúrgicos seleccionados del Sistema Nacional de Salud. El porcentaje de pacientes que llevaba más de seis meses esperando también era muy inferior: 3,3% frente al 11,2% de CLM.

Pero estos mejores resultados no eliminan las debilidades estructurales del modelo ceutí. Al contrario, muestran que un sistema puede ser más pequeño y obtener mejores tiempos en determinados indicadores sin disponer de la misma capacidad de recursos propios que una comunidad autónoma.

Dos modelos sanitarios de dimensiones radicalmente diferentes

La primera diferencia es administrativa. Castilla-La Mancha dispone de un servicio autonómico de salud, el SESCAM, mientras que Ceuta permanece bajo la gestión sanitaria directa del Estado a través del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (INGESA).

INGESA organiza la asistencia ceutí mediante una única Área Sanitaria. Su estructura incluye el Hospital Universitario de Ceuta, tres centros de salud, el consultorio de Benzú, el 061 y el Servicio de Urgencias de Atención Primaria. La propia memoria del organismo refleja, además, una oferta de especialidades limitada por las dimensiones del hospital y de la población a la que atiende.

La diferencia frente a Castilla-La Mancha es sustancial. El SESCAM cuenta con una red hospitalaria distribuida por las cinco provincias y con capacidad para prestar buena parte de la asistencia especializada dentro de la propia región. Ceuta, por el contrario, tiene que combinar su estructura propia con derivaciones a otros territorios y servicios concertados cuando no dispone de medios suficientes o cuando determinadas prestaciones requieren recursos de referencia situados fuera de la ciudad.

Es precisamente esa dependencia exterior la que convierte el tamaño reducido de Ceuta en una fortaleza para determinados circuitos asistenciales —la población está concentrada y las distancias internas son pequeñas—, pero también en una vulnerabilidad cuando se trata de mantener una oferta amplia de profesionales y especialidades.

Menos médicos que Castilla-La Mancha

Uno de los indicadores que mejor refleja esa diferencia es el de médicos. La Estadística de Profesionales Sanitarios Colegiados del INE sitúa a Ceuta en 4,53 médicos colegiados por cada 1.000 habitantes, frente a 4,94 en Castilla-La Mancha. Ambas se encuentran en la parte baja de la clasificación española: solo Melilla presenta una ratio inferior.

La diferencia puede parecer pequeña —0,41 médicos por cada 1.000 habitantes—, pero adquiere otra dimensión cuando se observa la estructura de ambos sistemas. En Castilla-La Mancha existe una red territorial mucho más extensa que permite distribuir profesionales entre diferentes hospitales y áreas sanitarias. En Ceuta, la disponibilidad de especialistas tiene que concentrarse en un único hospital de referencia.

La comparación tampoco equivale exactamente a una comparación de plantillas públicas, ya que el INE contabiliza profesionales colegiados. Sirve, no obstante, para mostrar que Ceuta parte de una de las ratios médicas más bajas de España y de una disponibilidad inferior a la castellano-manchega.

El problema se hace especialmente relevante en aquellas especialidades en las que resulta difícil mantener una plantilla estable. La reducida dimensión del mercado sanitario local y la condición extrapeninsular dificultan la capacidad de Ceuta para ofrecer internamente toda la cartera de servicios que puede desplegar una comunidad autónoma de mayor tamaño.

La enfermería introduce una paradoja

La fotografía cambia cuando se analiza la enfermería. El informe de ratios del Consejo General de Enfermería correspondiente a 2025 sitúa a Ceuta en 6,97 enfermeras por cada 1.000 habitantes, frente a 6,33 en Castilla-La Mancha. La ciudad autónoma se encuentra por encima de la media española, mientras que CLM figura entre las regiones con menor ratio.

Ceuta dispone así de 0,64 enfermeras más por cada 1.000 habitantes que Castilla-La Mancha. El dato, sin embargo, tampoco permite hablar de una dotación holgada. El propio Consejo General de Enfermería mantiene que la ratio española es insuficiente y calcula que Europa se sitúa en 8,12 enfermeras por cada 1.000 habitantes.

El INE ofrece, además, una medición distinta —la de profesionales colegiados— que confirma la posición relativamente elevada de Ceuta en enfermería: 7,84 enfermeros por cada 1.000 habitantes frente a 6,36 en Castilla-La Mancha en 2024.

El gasto tampoco permite una comparación sencilla

En materia de gasto, la comparación requiere todavía más cautela. La Estadística de Gasto Sanitario Público del Ministerio de Sanidad sitúa el gasto de Castilla-La Mancha en 4.136 millones de euros en 2024, equivalentes a 1.957 euros por habitante. La cifra se encuentra por debajo de la media nacional, de 2.084 euros.

Ceuta no aparece en esa clasificación exactamente bajo la misma categoría que las comunidades autónomas porque su sanidad permanece integrada en el sector INGESA. El gasto sanitario público consolidado atribuido a INGESA en 2024 ascendió a unos 150 millones de euros, que equivaldrían aproximadamente a 1.800 euros por habitante tomando como referencia la población residente.

Pero no sería correcto presentar esos dos importes como magnitudes perfectamente equivalentes. No obstante, la comparación sí permite observar algo relevante: Ceuta no dispone de una bolsa de recursos por habitante claramente superior a la de Castilla-La Mancha que explique por sí sola sus mejores resultados en determinados tiempos de espera. La explicación hay que buscarla en la organización, la concentración territorial, la actividad hospitalaria y el recurso a medios externos.

Ceuta espera menos para una operación que Castilla-La Mancha

La fragilidad estructural de Ceuta no impide que presente mejores datos en uno de los indicadores más sensibles para los ciudadanos: la lista de espera quirúrgica.

A 31 de diciembre de 2025, la lista correspondiente a los procesos quirúrgicos seleccionados por el Ministerio contabilizaba 338 pacientes en Ceuta, con una tasa de 4,41 por cada 1.000 habitantes. La espera media era de 66 días y solo el 3,3% llevaba más de seis meses esperando.

En Castilla-La Mancha, el mismo indicador contabilizaba 15.334 pacientes, una tasa de 7,63 por cada 1.000 habitantes y una demora media de 108 días. El 11,2% llevaba más de seis meses esperando.

La diferencia es contundente: un paciente castellano-manchego esperaba de media 42 días más para una intervención quirúrgica que uno ceutí, según este indicador homogéneo del Ministerio.

Una frontera que puede alterar las ratios en cuestión de días

A la fragilidad estructural del sistema sanitario ceutí se suma una característica que no tiene Castilla-La Mancha: Ceuta es una frontera exterior de la Unión Europea y puede experimentar variaciones extraordinarias de población presente en periodos muy cortos.

La reciente entrada masiva de personas procedentes de Marruecos ha puesto esta circunstancia en primer plano. INGESA activó un dispositivo especial y el primer día llegó a registrar 1.149 asistencias sanitarias a personas migrantes en apenas 24 horas.

La dimensión de la presión acumulada también ha sido considerable. Según los datos ofrecidos posteriormente por la ministra de Sanidad, Mónica García, durante los primeros quince días de la crisis se atendió a 5.800 personas migrantes, unas 3.500 en Atención Primaria y 2.300 en el hospital. La ministra aseguró que las asistencias habían caído un 70% respecto al pico inicial y que la actividad ordinaria para los residentes se había mantenido.

El Gobierno ha rechazado hablar de "colapso" sanitario y ha definido la situación como "tensionada", subrayando que no se han suspendido operaciones ni consultas de la población local. Al mismo tiempo, INGESA ha tenido que ampliar camas y reforzar los recursos profesionales ante la situación extraordinaria.

Es precisamente aquí donde la comparación con Castilla-La Mancha resulta útil. Las ratios de médicos, enfermeras o gasto sanitario se calculan sobre la población residente, pero una ciudad fronteriza puede recibir en cuestión de días a miles de personas que requieren atención sin que ese aumento aparezca inmediatamente en el denominador de las estadísticas per cápita.

La inmigración no explica por sí sola las diferencias entre los dos sistemas, pero añade una vulnerabilidad específica a un modelo sanitario pequeño y concentrado.

Una sanidad concentrada frente a la dispersión del SESCAM

Castilla-La Mancha tiene que mantener una red sanitaria extensa incluso en lugares donde la población es reducida. La dispersión rural obliga a sostener centros de salud y consultorios, desplazar profesionales y pacientes y garantizar servicios a grandes distancias.

Ceuta tiene el problema contrario. No necesita desplegar una red sanitaria sobre decenas de miles de kilómetros cuadrados, pero debe concentrar una cartera de servicios muy amplia en una estructura hospitalaria reducida.

Esa concentración puede ser una ventaja cuando se trata de organizar determinadas intervenciones y circuitos asistenciales. Pero se convierte en una vulnerabilidad cuando falta un especialista, se avería un recurso crítico o se necesita una prestación que no puede ofrecerse localmente.

La propia memoria de INGESA refleja una plantilla especializada muy reducida en algunas áreas del Hospital Universitario de Ceuta, con servicios que cuentan con apenas unos pocos especialistas.

En Castilla-La Mancha, una ausencia o una carencia localizada puede tener más posibilidades de ser compensada por otro hospital de la red. En Ceuta, la capacidad de sustitución interna es mucho menor.

Derivar pacientes, parte del modelo

La consecuencia lógica de esta estructura es la dependencia de recursos externos.

INGESA dispone de servicios concertados para prestaciones que no puede asumir íntegramente con medios propios o que, por su propia naturaleza, requieren recursos externos. Entre ellos se encuentran servicios como el transporte sanitario terrestre y aéreo y determinados tratamientos de radioterapia.

La necesidad de recurrir a otros territorios no es, por tanto, una anomalía, sino una característica estructural de un sistema sanitario que opera en una ciudad autónoma extrapeninsular.

Castilla-La Mancha también deriva pacientes y utiliza conciertos, pero parte de una situación muy diferente: dispone de una red hospitalaria propia mucho mayor y de varios centros capaces de asumir asistencia especializada.

Esta diferencia también obliga a interpretar con cautela las listas de espera. Una demora más corta no significa necesariamente que toda la asistencia se haya resuelto dentro del sistema propio, ni que el coste organizativo sea comparable.

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