Tras un ejercicio 2025 con un crecimiento cercano al 3%, los economistas colegiados encuestados dibujan un escenario de moderación para el próximo año, marcado por una percepción de incertidumbre que ya no se considera coyuntural, sino estructural. El deterioro del Índice de Expectativas Económicas, que cae hasta los -67,7 puntos, refleja este cambio de clima: más de la mitad de los economistas anticipa un empeoramiento de la situación económica nacional en los próximos seis meses.
Incertidumbre estructural y falta de impacto en hogares y empresas
El presidente del CGE, Miguel Vázquez Taín, subraya que los datos ponen de manifiesto una paradoja cada vez más evidente: mientras los grandes agregados macroeconómicos muestran fortaleza, esa evolución no se percibe en la economía cotidiana. Según los economistas, ni las empresas ni los hogares experimentan una mejora acorde con el crecimiento del PIB, lo que apunta a problemas estructurales no resueltos, especialmente en productividad y competitividad.
Este diagnóstico cuestiona la calidad del crecimiento y su capacidad para generar bienestar económico sostenido. En ausencia de reformas de fondo, el avance del PIB parece apoyarse más en factores coyunturales que en un fortalecimiento duradero del tejido productivo.
Mercado laboral estable, pero sin mejoras cualitativas
En el ámbito del empleo, el Barómetro refleja una estabilización sin avances significativos. Solo el 17,3% de los encuestados espera una reducción del paro en los próximos meses, mientras que aumenta el porcentaje que anticipa un incremento del desempleo. El índice de percepción del paro se mantiene en terreno negativo (-16,3 puntos), lo que confirma la ausencia de mejoras adicionales.
Más relevante aún es la valoración de la calidad del empleo tras la reforma laboral de 2021. Casi un 60% de los economistas considera que ha empeorado, frente a un reducido 15,4% que aprecia mejoras. Este dato refuerza la idea de que la creación de empleo no está resolviendo los problemas estructurales del mercado laboral, especialmente en términos de estabilidad real, salarios y productividad.
Ahorro, presión fiscal y costes: los frenos al crecimiento
La situación de los hogares tampoco ofrece señales alentadoras. El 46,4% de los economistas anticipa mayores dificultades para ahorrar en los próximos seis meses, con un índice de expectativas de ahorro que vuelve a terreno negativo. Esta evolución limita la capacidad de consumo y refuerza la sensación de pérdida de poder adquisitivo.
En cuanto a la competitividad empresarial, la presión fiscal y los costes salariales se consolidan como las principales barreras, citadas por más del 70% de los encuestados. A estos factores se suma el precio de la energía, que gana peso como elemento restrictivo, en un contexto donde el fin progresivo de los fondos europeos Next Generation EU despierta un claro pesimismo: seis de cada diez economistas prevén un impacto negativo sobre el crecimiento.
Autónomos y fondos europeos, foco de preocupación
El Barómetro también refleja un rechazo mayoritario a la propuesta de aumento de las cuotas del Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA). Dos tercios de los economistas consideran que tendrá un efecto negativo sobre la actividad, lo que apunta a un clima de creciente preocupación entre los profesionales por el encarecimiento de los costes fijos.
En conjunto, el diagnóstico del CGE dibuja una economía que sigue creciendo, pero lo hace sobre bases frágiles y con escasa capacidad para mejorar la percepción y la realidad económica de empresas y ciudadanos. El mensaje es claro: sin un giro hacia políticas que impulsen la productividad, reduzcan la incertidumbre y refuercen la economía real, el crecimiento del PIB corre el riesgo de convertirse en una estadística desconectada del bienestar económico.