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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención en el Pleno del Congreso de los Diputados que ha debatido la sexta prórroga del estado de alarma.
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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención en el Pleno del Congreso de los Diputados que ha debatido la sexta prórroga del estado de alarma. (Foto: Pool Moncloa)

“España es otra cosa”

jueves 04 de junio de 2020, 21:38h
El gobierno central se ha acostumbrado a vivir en el alambre. No hay semana que no le estalle una mina -cuando no, dos- con una profunda onda expansiva. Las detonaciones se producen por actuación propia, más que por acoso del adversario. Lo del acoso queda para después. Y hay que advertir que algunas operaciones sacuden incluso a los propios, que empiezan a acusar los impactos del fuego amigo.
La última ha sido el lío por los ceses y dimisiones en la cúpula de la Guardia Civil. El asunto va a ir a más. Deberían darse cuenta. Las señales las anticipan algunos de los medios con mejores fuentes en este tema. Hay varios periodistas de prestigio de diferentes medios siguiendo la información. Jesús María Zuloaga, Roberto R. Ballesteros, José María Olmo o María Peral, por citar a algunos. Hay reportaje y lo saben. Tienen trayectoria dilatada y una agenda repleta de contactos hechos con años de profesión. Unos tienen fuentes en el mundo de la Justicia, otros en la Guardia Civil, otros en la política. Cada mañana uno se asoma a sus noticias sabiendo que va a encontrar algo nuevo. Hechos que van a agitar un poco más la coctelera. Se ve que en algunos casos la información está dosificada y que hay nuevos capítulos por escribir.

Hablamos de información. Lo del ruido político es otra cosa y es para otros. El presidente Sánchez tiene la habilidad de sortear las adversidades y los estallidos. Hay otros cuyo proceder en dos meses les ha ocasionado la pérdida del prestigio profesional que han ido adquiriendo en más de dos décadas. Esa es su penitencia, continúen o no en el cargo.

En dos meses y medio a este gobierno se le han abierto más boquetes que a ninguno de los que le antecedieron. Pero los fontaneros tapan las vías y el barco sigue a flote. Y en esas reparaciones todo material a mano sirve, aunque, a veces, las urgencias parchean las brechas en falso con parche sobre parche y a esperar que pase el vendaval.

Pero algunas de las costuras pueden terminar por saltar. El problema es que en ese proceder se empiezan a crear y a dejar hostiles en la retaguardia. Y algunos de esos damnificados tienen capacidad para asestar golpes.

En el escenario nacional, sobra marketing y hace falta política y gestión. La comisión parlamentaria para la reconstrucción se ha convertido en un florero político. El gobierno avanza y aprueba medidas económicas y sociales al margen de esa mesa, que, por lo demás, se transforma en un escenario para la bronca. Se amplían los ERTes, se aprueba el salario mínimo vital, se organiza la gestión territorial a conveniencia y hasta se acuerda la reforma íntegra de la reforma laboral. Algunas medidas forman parte del programa de gobierno. Claro que la grave crisis abierta por la pandemia ha cambiado los planes que expusieron todas las formaciones políticas cuando se presentaron a las elecciones hace poco más de seis meses, los ha barrido.

Dice el presidente de las Cortes de Castilla-La Mancha, Pablo Bellido, que en la mayoría de las Comunidades el escenario es otro, más prudente, donde se abre paso un mejor clima para la reconstrucción. Aquí, gobierno y Ciudadanos han llegado a un acuerdo, que hay que desarrollar. Dice el Partido Popular que no está en el acuerdo y que éste no es sino una suma de planes y anuncios anteriores.

Sea o no así, la cuestión de interés es si van a ser o no útiles para una región, con una financiación muy insuficiente, que tiene 20.500 empresas con 88.000 trabajadores en regulación de empleo por la pandemia y que se ha visto golpeada por el paro (que llega a casi 200.000 personas), en la que el sector turístico ha perdido sus ingresos de dos meses, en el que los servicios se han contraído, igual que el consumo familiar o las exportaciones y en el que los grandes sectores industriales han frenado, que, en el terreno social, calcula que el 6% de su población se va a beneficiar del Ingreso Mínimo Vital y que está decidida a reforzar su sistema de salud y el sociosanitario. Es evidente que es necesario un plan de reconstrucción, en lo económico y en lo social.

Decía el presidente García-Page en una entrevista al diario El País, publicada el Día de la Región que “los Gobiernos están para resolver problemas. No para crearlos, inflarlos o inventarlos. Y no me estoy refiriendo, obviamente, al PSOE. Algunos dirigentes políticos de la M-30 para adentro, en la derecha y la izquierda, han visto tantas veces House of cards, Borgen y ahora Baron Noir que se comportan como guionistas. Creen que con dos campañas de marketing y con tres declaraciones se puede gobernar. España es otra cosa”.

Una de las habilidades de García-Page es la del análisis. Y efectivamente, España es otra cosa. No es la grillera política, sino la de los ciudadanos que esperan que se les resuelvan los problemas.

Tiene mensaje y da pistas que el presidente, García-Page, uno de los dos barones socialistas con mayoría absoluta, diga eso de que “el mejor guionista de la política española de todos los tiempos se llama Felipe González. Más valdría que imitaran algunos su capacidad y actuación política en vez de practicar una política ni siquiera de corto plazo, sino del momento. Del tuit diario. El presidente del Gobierno tiene que estar padeciendo bastante los sinsabores de lo que significa la deslealtad desde dentro”.
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