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El ministro de Consumo, Alberto Garzón.
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El ministro de Consumo, Alberto Garzón. (Foto: Ministerio de Consumo // Archivo)

La falta de capacidad para ser ministro

Por CLM21
viernes 07 de enero de 2022, 10:19h

Si un ministro habla mal de su país en un medio extranjero, debe dimitir o ser cesado. Es algo que reza para la izquierda y para la derecha. Aquí y en Roma. Porque es algo de sentido común. Y hablar mal del país es hablar mal de sus ciudadanos y/o de un sector económico. No vale argumentar que “se ha malinterpretado lo dicho”, que “se ha sacado de contexto” o, como en el caso que abordamos, que “por motivo de espacio el periodista tuvo que excluir algunos elementos”. Esa defensa, lejos de serlo se convierte en testimonio de cargo porque supone una ignorancia supina sobre el funcionamiento de la comunicación política.

Y, por más que se empeñe el ministro Garzón, decir que “… se exporta esa carne de mala calidad de estos animales maltratados” -y eso dice- no es hablar bien del país ni de los productores, a los que con sus palabras está achacando una violación del Código Penal español que, desde 1995, considera una infracción el maltrato animal. Si efectivamente se está cometiendo esa infracción ¿qué hace el gobierno del que es ministro?

Decir, además, que esa carne que se exporta es de mala calidad, tampoco es hablar bien de un país y de la actividad exportadora. ¿Qué consumidor de aquí o del Reino Unido a la hora de comprar pide que se le aclare si la carne que adquiere es de macrogranja, de ganadería extensiva o intensiva? Si la carne española que come es de buena calidad o de mala.

Puede que acierte en la crítica del modelo de las macrogranjas. Pero, como ministro tiene mecanismos para combatirlas. Usted como ministro debe denunciar en el Consejo, en el Gobierno, aquello que considere que está fallando y sobre todo si hay infracciones penales por medio. Denunciar a los periodistas lo que no trata de cambiar en su gobierno, tampoco le hacen parecer un buen ministro.

A propósito de las críticas recibidas meses atrás por pedir que los españoles consumieran menos carne, The Guardian dice que “El ministro también ha señalado que la mayoría de las críticas públicas provenían de hombres que aparentemente «sentían que su masculinidad se vería afectada por no poder comer un trozo de carne o hacer una barbacoa». Por otro lado, las mujeres parecían estar mucho más abiertas a este mensaje”.

Hay dos, o sus afirmaciones se sostienen en un estudio o en un sondeo de opinión o son una ocurrencia. Si es lo primero, debería presentar el estudio. Máxime teniendo en cuenta que su argumento de refuerzo de suposición es el de la discriminación de género. Algo que riza el rizo.

El daño, señor ministro está hecho. Flaco favor ha hecho usted a los que se esfuerzan en generar la marca España. Una labor que, en su calidad de primer ministro de nuestro país, lidera el presidente que le nombró.

Su defensa en que todo obedece al interés de los lobbys, es una ocurrencia, porque como dice el refrán “en boca cerrada no entran moscas”. Y el ministro Garzón la ha abierto demasiado y sin ton ni son. Aun dando por sentado que llevara razón, ha dado la munición y la escopeta a los lobbys, lo que demuestra poca inteligencia para combatirlos. Ya dijimos en este medio que su ministerio era prescindible, y no porque no sea necesario un organismo que vele por todos los temas relacionados con el consumo, sino porque todas las competencias sobre ese tema la tienen las Comunidades Autónomas, que en muchos casos tienen al frente a un director general o incluso a un jefe de servicio. Y el ministro Garzón, sin competencias, tiene que justificar su cargo y su sueldo y se tiene que inventar cada día, tiene que hacerse ver. Lo malo es que hasta la fecha lo hace saltando de charco en charco.

No es de extrañar que las críticas le hayan llovido al ministro desde la izquierda hasta la derecha. El presidente de Castilla-La Mancha le ha pedido que rectifique, el de Aragón ha ido un poco más allá. Y no se trata de problemas en la coalición de gobierno, sino en su falta de capacidad para ejercer el cargo de ministro.

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