Europa: la era de las grandes adquisiciones
Entre 2010 y 2017, el capital chino protagonizó operaciones de alto impacto en sectores estratégicos. La compra de Volvo Cars, la adquisición del fabricante alemán de robótica KUKA, el control de la tecnológica británica Imagination Technologies o la entrada en la desarrolladora de videojuegos Supercell marcaron una etapa caracterizada por la búsqueda de tecnología, marca y acceso al mercado europeo.
Estas operaciones respondían a una estrategia clara: acelerar la modernización industrial china mediante la adquisición de activos consolidados. Sin embargo, el endurecimiento de los mecanismos de supervisión de inversiones extranjeras a partir de 2017 en la Unión Europea frenó el ritmo de compras en sectores considerados sensibles.
España: menos compras y más industria compartida
En el caso español, la aproximación ha sido distinta. No se han producido adquisiciones masivas de grandes compañías históricas por parte de conglomerados chinos. En su lugar, ha predominado la inversión “greenfield” y la colaboración con socios locales.
El ejemplo más visible es el acuerdo con el fabricante chino Chery para producir vehículos en la antigua planta de Nissan en Barcelona, una operación que combina reindustrialización y capital extranjero sin transferencia de control de una multinacional española.
También se han canalizado inversiones hacia energías renovables, logística y componentes industriales, aunque el peso de adquisiciones completas de empresas españolas sigue siendo reducido en comparación con otros países europeos.
Castilla-La Mancha: implantación sin adquisición
Si España ya presenta un modelo diferenciado respecto a Europa, Castilla-La Mancha va un paso más allá. La región no registra casos documentados de compra de empresas regionales consolidadas por capital chino. El patrón dominante es la implantación directa de nuevas plantas industriales.
Uno de los ejemplos más significativos es Kingfa, que desarrolla actividad en Montalbo (Cuenca) en el ámbito del reciclaje y producción de plásticos técnicos. A ello se suman proyectos en negociación vinculados a química industrial y componentes eléctricos.
El resultado es una dinámica donde el capital chino actúa como inversor productivo, no como comprador de tejido empresarial existente. Esto evita tensiones sobre pérdida de control societario local y centra el foco en el impacto económico y laboral.
Sectores estratégicos y encaje regional
Las áreas de mayor interés en Castilla-La Mancha coinciden con su estrategia de atracción industrial: materiales plásticos, química básica, componentes eléctricos, logística y energías renovables. Se trata de sectores intensivos en producción, con potencial de empleo estable y encadenamientos industriales.
La ubicación geográfica —con proximidad al eje Madrid-levante y buenas conexiones logísticas— refuerza el atractivo de la comunidad como plataforma de implantación.
Tres modelos, tres debates distintos
Europa ha vivido una etapa de compras de empresas líderes. España ha priorizado alianzas industriales y reindustrialización. Castilla-La Mancha ha optado por atraer inversión productiva directa sin adquisiciones.
Esta diferencia explica por qué en la región el debate no gira en torno a la pérdida de control empresarial, sino a la capacidad de consolidar un polo industrial competitivo y estable.