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El PSOE en la encrucijada
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(Foto: Luis García vía Wikimedia Commons)

El PSOE en la encrucijada

jueves 06 de diciembre de 2018, 22:20h
Alguien dijo que Pedro Sánchez o rescataba al PSOE o lo terminaba de hundir. Y Andalucía ha abierto aún más la brecha en un partido que llegó a tener más del 60% de los votos de esa Comunidad, la más poblada de España. Los graneros de votos del socialismo español se han ido vaciando. La hemorragia no sólo ha afectado a las Comunidades más pobladas, también a otras cuyo peso específico de población es menor, téngase por ejemplo a Castilla-La Mancha. Nadie en el partido socialdemócrata encuentra la esencia del mal que les queja, la causa o las causas de la hemorragia de votos y hasta de afectos. Tal vez porque los análisis internos que se hacen son muy subjetivos y no exentos del interés del analista. Los políticos socialistas siguen en si son galgos o son podencos, en que la responsabilidad y la culpa es del otro, en que se está mejor que el vecino… Los análisis son muy interesados y en clave de futuro personal o de grupo de poder, en pasarse viejas facturas u otras nuevas. Eso ha quedado patente en la primera reacción de Ferraz contra Susana Díaz, que ha plantado cara y que ha obligado a la ejecutiva nacional a recular para no abrir una guerra a muerte con la principal federación del partido.
En la política de hoy priman las actuaciones a corto plazo. Se da por bueno el tablero de juego y no se trata de revertir la situación, sino de acomodarse a ella. Y así es difícil volver a llenar los graneros. Es la política de los que están en el cargo del “ir tirando”. En el tablero, existen otras dos fuerzas por su izquierda, IU y Podemos y otras tres fuerzas por su derecha. Y existe un descontento general con la clase política. La indignación continúa asentada en grandes capas de la sociedad. Y a los indignados no se les puede hablar desde el Olimpo de la política. En el caso del PSOE es manifiesto que hay un socialismo oficial (el de los altos cargos) y un socialismo de ciudadanía cada vez más distante del primero y al que le chirría la soberbia del poder.

La crisis económica fundamentalmente y el comportamiento de la clase política como aditivo han generado una gran frustración social, cansancio, desapego e indignación. El PSOE precisa de un cambio profundo, de rearmarse para la sociedad, de conectar con sus necesidades, sus preocupaciones y sus sentimientos. Y eso no se consigue desde el Olimpo de la política. No es una cuestión en clave interna. Es el cambio social que reclama un cambio en la actitud de los políticos, en sus formas de ser, de hacer y de comportarse.

El PSOE creció en democracia prometiendo un cambio. Y ahora España demanda otro cambio. Es el espíritu del 15-M, el de la indignación, que es transversal y que se viste con los colores de todo el arco parlamentario. Y la indignación se combate con humildad, con empatía, generando un clima sereno, transmitiendo el control de la situación, compartiendo el mal ajeno, buscando el encuentro. Luego está lo de los presupuestos, lo de la gestión, que deben acompañar y que deben tener una proyección mucho más allá de la foto para los medios o la imagen para los informativos. No vale la euforia del gobierno, de los logros, ante una gran capa social que se ha empobrecido y no está para euforias, lo de denostar al adversario, lo de crispar. Las sensaciones sociales que se generan no son buenas. Mucha gente está cansada.

A saber, el 41,35% de los andaluces llamados a las urnas se quedó en casa. Otro 1% del censo tuvo una abstención activa con el voto en blanco. A saber, las fuerzas políticas que prometen el cambio y conectan con esa indignación son las que han crecido en Andalucía. El poder establecido, el del Olimpo disfrazado de cercanía y de regionalismo, el de los intereses creados, los egos manifiestos, ha dejado un reguero de votos en el camino. La globalización impide o dificulta, y mucho, que el gobierno controle todo o casi todo como ocurría apenas hace unos años.

No sólo es Andalucía. El PSOE lideró una moción de censura para convocar elecciones. Eso dijo pero no ha hecho. Las primeras semanas, el socialismo vivió un momento dulce y de recuperación de afectos. Desaprovechó esa mejoría para ir a las urnas. Nada de lo prometido. Los andaluces, los castellanos, los extremeños… los españoles en general perciben que se cambian días en el poder por cesiones a los independentistas catalanes, que se cambia días de poder por protagonismo y cesiones a la extrema izquierda (esto último desactiva a los votantes más moderados del socialismo). Y en política esas sensaciones valen más que cinco titulares de buena gestión. Los propios barones no deseaban que de haber adelanto electoral, este se hiciera coincidiendo con las elecciones autonómicas y ahora temen el escenario abierto con el anuncio del presidente de que presentará los presupuestos en enero. Hay hechos muy gráficos: proponer indultos, negociar los presupuestos en la cárcel, modificar las acusaciones a los líderes del “procés”. Eso, cuando menos, desactiva a parte del electorado socialista.

Todo ello aderezado con un rosario de informaciones en las que se cuestionaba la aportación fiscal de los miembros del gobierno con fórmulas más o menos legales, pero desde luego lejos de la imagen del socialismo, y otras actuaciones que hacían chirriar el código del puño y la rosa.

Las ocurrencias que daban un buen titular, pero que al día siguiente había que corregir (bombas a Arabia Saudí, subida de cotizaciones a los autónomos…), la apretada agenda exterior del presidente cuando la indignación está de puertas adentro… Más elementos para la desafección y el desgaste.

Se generaban expectativas de un cambio social, de acelerar la recuperación del estado del bienestar fuertemente deteriorado por la crisis, pero la agenda de medidas lejos de sentar las bases del cambio, alimenta la indignación. Tres de los cuatro pilares del estado del bienestar dependen de las Comunidades Autónomas y el gobierno central ha pospuesto el nuevo modelo de financiación que debe garantizar más dinero para esos servicios. En el cuarto pilar, el de las pensiones, se ha aprobado lo pactado por el PP y el PNV, y se dilata el modelo futuro y los responsables del gobierno no garantizan la subida conforme al IPC, ni la estabilidad del sistema, ni… Sin dinero no hay política social, sólo buenos y efímeros titulares. Y a las Comunidades (salvo a Cataluña) se les aplaza una nueva financiación, más dinero para la educación, la sanidad o la dependencia.

La política fiscal, supeditada a Podemos que prometía con una frase tan populista y demagógica como imprecisa de que “van a pagar los ricos”, se queda en nada. Lo más próximo es la subida de los impuestos a los combustibles, que pagan todos los conductores, que es como decir la inmensa mayoría de las familias españolas. Y veremos si termina por hacerse. Ahora nadie lo dice en voz alta, pero de puertas para adentro lo hablan en voz baja: Se teme que la subida de los impuestos a los combustibles terminen por encender la mecha, lo mismo que ha pasado en Francia y Bélgica con los chalecos amarillos. Es el basta ya de la calle a la política.

En Andalucía, al PSOE los votos no se le han ido por la izquierda. Los que llegaron con el huracán del 15-M pierden también muchos votos. El 15-M fue un huracán social que aglutinó el descontento de unos y otros, de muchos y de diferentes formas de pensar. Aquel vendaval ha perdido fuerza en las manos de los que administraron esos vientos. El cambio sólo ha sido para los que acapararon el descontento y mudaron la calle por los despachos y lejos de dar respuesta se han convertido en lo mismo de aquellos a los que criticaban por ser “casta”, pero más cainitas de puertas adentro, agitando y confrontando de puertas afuera, porque esa estrategia les mantiene en sus cargos.

En Castilla-La Mancha está por ver la desafección. Alguien del Olimpo debería comparar los sentimientos que los andaluces expresaban en las encuestas de opinión con los que expresan los castellano-manchegos. Ese ejercicio demuestra muchas coincidencias. Y no basta con ponerse la banderita de España en la muñeca y decir que de la españolidad del presidente no puede dudar nadie. Esa ola viene de Madrid y va asociada a la imagen de marca, que las andaluzas han demostrado que sufre un fuerte deterioro. Aquí se ha pactado con la extrema izquierda, que defiende el derecho a decidir en Cataluña, que rechaza los homenajes a la bandera (Albacete en el día de la Constitución) o la conmemoración de la Carta Magna.

Una extrema izquierda que, dicho sea de paso, ha desinflado el huracán del 11-M en beneficio propio y se ha despojado de la transversalidad e incluso ha ido devorando a sus propios hijos. Una extrema izquierda que, ya en el gobierno regional se fue a entrevistarse con Oriol Junqueras el 22 de septiembre de 2017 para defender el referéndum ilegal del 1 de octubre. Eso debía ser por la mañana, pero tras dos aplazamientos tuvo lugar a las cinco de la tarde. La convocatoria y los aplazamientos fueron anunciados oficialmente como encuentro entre los vicepresidentes de Cataluña y de Castilla-La Mancha. Tras la reunión, Oriol Junqueras se acercó hasta la puerta de la sede de la Consejería de Economía. Una multitud que se había ido concentrando desde las 11 de la mañana impedía salir a los guardias civiles y a los funcionarios de los juzgados que realizaban un registro por orden judicial y destrozaba los vehículos del instituto armado. Los guardias civiles estuvieron retenidos por la multitud hasta la mañana siguiente.

Aquella entrevista de un miembro del gobierno de Castilla-La Mancha con uno de los líderes del procés acusado de rebelión, el mismo día de los actos considerados como rebelión por la fiscalía, pesa como una losa sobre el PSOE de García-Page. Se anunció oficialmente como encuentro entre vicepresidentes de los dos gobiernos. Por más que se le recriminara a García Molina el encuentro, por más que éste dijera luego que había ido como secretario regional de Podemos… García Molina siguió como vicepresidente. Pesó más lo existencial que lo esencial, el poder que los principios. El sapo que se tragó el presidente y que arrastró a que se lo tragara todo el PSOE era el peaje por mantener el poder, incluso por encima de los principios. Es algo que se ha convertido en objetivo principal de muchos políticos y es algo que la sociedad percibe y castiga, que genera desafección sobre todo entre los votantes propios.

En esa estrategia, se ha alimentado la confrontación con el rival, la crispación social, se ha denostado al que piensa diferente, se han generado muchas expectativas que no se han cumplido y se ha hecho una política social de parche y bajo coste para presentar unas estadísticas de recuperación social. Pero la política fracasa cuando las estadísticas no se acompasan con la vida de la calle. Porque la palabra del político, el titular del gobierno sirven para rearmarse ellos, no para rearmar la sociedad, y el discurso no termina por conectar con las necesidades, las preocupaciones, los sentimientos de los castellano-manchegos y de los españoles.

¿Alguien duda a estas alturas que Susana Díaz vendía recuperación social, progreso económico, lo mismo que hace García-Page y otros presidentes autonómicos? Es cierto que aquí la crisis la heredó y se la comió el PP y esa circunstancia le sirve a García-Page para tratar de articular un discurso diferenciador. El problema es que los ciudadanos tienen memoria no sólo de tres o cuatro años antes. Y ahora, a poner unas velas para que los colectivos sociales no le amarguen la campaña. Y otras para que Pedro Sánchez no convoque las generales el 26 de mayo y lo convierta en un superdomingo electoral en el que se ponga a prueba a todo el socialismo español.

El escenario de convivencia pinta mal, apunta a un deterioro progresivo… Los socios del gobierno nacional y regional de Castilla-La Mancha encienden la calle… Algo que preocupa y desasosiega a mucha gente. Y esa factura la terminará pagando políticamente el partido de la socialdemocracia española.
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