La estabilidad del índice en el último trimestre, tras la moderación registrada en otoño, apunta a un cierto agotamiento de las presiones inflacionistas más coyunturales. Sin embargo, el análisis por componentes revela una realidad menos benigna para los hogares. El fuerte encarecimiento de la vivienda y la energía, con subidas superiores al 5%, sigue actuando como un lastre estructural, especialmente en una región donde el peso de estos gastos sobre la renta disponible es elevado. A ello se suma el avance sostenido de los precios en restaurantes y hoteles, síntoma de una demanda resistente y de un sector servicios que continúa trasladando costes al consumidor.
El hecho de que solo vestido y calzado cierre el año en negativo evidencia que la contención del IPC no responde tanto a una relajación generalizada de los precios como a ajustes puntuales ligados a campañas comerciales. En términos reales, el balance anual deja una inflación más baja que en comunidades como Madrid o la Comunitat Valenciana, pero suficientemente persistente como para seguir erosionando el poder adquisitivo.
Así, Castilla-La Mancha termina 2025 con una inflación relativamente controlada en términos comparativos, aunque con desequilibrios internos que anticipan que la evolución de la energía y de los servicios será clave para determinar si esta moderación se consolida o vuelve a tensionarse en los primeros meses del nuevo año.