Pese a esta mejora, el repunte queda aún lejos del fuerte crecimiento del 7,1% de 2021, un año excepcional marcado por la recuperación tras el levantamiento de las restricciones asociadas a la pandemia. En todo caso, el balance de 2025 consolida una senda de avance más estable de la actividad industrial.
El crecimiento del pasado año se apoyó, principalmente, en el comportamiento del sector energético, cuya producción aumentó un 3,9%, y en los bienes de consumo no duradero, con un alza del 1,3%. También contribuyeron los bienes intermedios, que crecieron un 0,9%, y los bienes de consumo duradero, con un avance más moderado del 0,3%. En contraste, los bienes de equipo se mantuvieron prácticamente estancados, sin variación respecto a 2024.
Por ramas de actividad, los mayores incrementos se concentraron en la fabricación de otro material de transporte, con un avance del 5,8%, las industrias extractivas (+4,9%) y el suministro de electricidad y gas (+4,6%). En el extremo opuesto, destacaron los descensos en la industria del cuero y del calzado, que recortó su producción un 8,7%, la confección de prendas de vestir (-5,6%) y la fabricación de vehículos de motor, que cayó un 4,5% en el conjunto del año.
Si se eliminan los efectos estacionales y de calendario, la producción industrial también creció un 1,3% en 2025, con incrementos similares en energía (+3,8%), bienes de consumo no duradero (+1,2%) y bienes intermedios (+0,7%), mientras que los bienes de consumo duradero y los de equipo no registraron cambios.
El comportamiento territorial fue desigual. Diez comunidades autónomas cerraron el año con aumentos de producción, cinco registraron descensos y dos —Madrid y Extremadura— permanecieron sin variación. Los mayores avances se dieron en Andalucía, con un crecimiento del 8,8%, seguida de Castilla y León (+6,2%) y Baleares (+4%). Por el contrario, los retrocesos se concentraron en Navarra (-2,6%), País Vasco (-2,3%), Comunidad Valenciana (-1,3%), La Rioja (-0,9%) y Cantabria (-0,8%).
El cierre del ejercicio, sin embargo, dejó señales de debilidad a corto plazo. En diciembre de 2025, la producción industrial fue un 2,8% superior a la del mismo mes del año anterior, encadenando siete meses consecutivos de subidas interanuales. No obstante, en términos mensuales y una vez corregidos los efectos estacionales y de calendario, la actividad se desplomó un 2,5% respecto a noviembre, el mayor descenso desde marzo de 2022, lo que apunta a un final de año marcado por una acusada desaceleración.