Castilla-La Mancha produce en torno al 60% del vino español y lidera con claridad las exportaciones nacionales en volumen y, en números absolutos, eso representa casi el 49 del viñedo nacional, por encima de comunidades con tradición centenaria como Cataluña o La Rioja. Sin embargo, el gran talón de Aquiles sigue siendo el modelo comercial: una parte muy significativa del vino exportado se vende a granel, lo que reduce el margen que queda en origen y limita la capacidad de capturar valor añadido.
Exportaciones: liderazgo con limitaciones
El motor económico del sector en Castilla-La Mancha gira en torno a las exportaciones. Según datos de 2025, la región superó los 506 millones de euros en ventas internacionales de vino y derivados, lo que supone un ligero crecimiento interanual y la cifra más elevada registrada hasta la fecha.
Tradicionalmente, Castilla-La Mancha ha llegado a aportar alrededor del 55 % del volumen total de vino español exportado, alcanzando una media de 15 millones de hectolitros enviados al exterior, con presencia en más de 150 países.
No obstante, el gran desafío económico es que gran parte de estas exportaciones se hace en forma de vino a granel, producto que, aunque mayoritario en volumen, deja menos margen de beneficio que el vino embotellado o con marca propia. Esto limita el retorno económico para los productores locales frente a grandes compradores internacionales y distribuidores.
El impacto de la reestructuración y la modernización
Desde 2015, el Gobierno regional ha canalizado 332 millones de euros para la reestructuración de 90.400 hectáreas de viñedo, una estrategia clave para mejorar competitividad, introducir variedades más demandadas y adaptar las explotaciones a estándares de calidad más altos.
En 2025 también se movilizaron 25 millones de euros para renovar 5.400 hectáreas, con especial foco en zonas como Tomelloso, donde se realizaron inversiones por más de 3,9 millones de euros.
Estas cifras no solo reflejan la importancia del sector en términos agrícolas sino también su impacto socioeconómico: el sector vitivinícola representa alrededor del 5 % del PIB de Castilla-La Mancha, según estimaciones oficiales.
Reestructuración, relevo y modernización
La última década ha estado marcada por programas de reestructuración varietal y modernización tecnológica. Se han implantado sistemas de riego más eficientes, maquinaria de precisión y mejoras en trazabilidad. Sin las ayudas europeas, este salto habría sido más lento y desigual.
Pero el reto no es solo técnico. El envejecimiento del agricultor medio y la falta de relevo generacional amenazan la continuidad de muchas explotaciones familiares. Si la nueva PAC no incentiva de forma decidida la incorporación de jóvenes, el riesgo es una mayor concentración empresarial y el abandono de pequeñas parcelas en zonas menos competitivas.
De granero de vino a región con marca
La batalla de la PAC coincide con un debate más profundo: ¿quiere Castilla-La Mancha seguir siendo principalmente un proveedor de volumen o aspira a capturar más valor con producto embotellado y marca propia?
Denominaciones de origen como Denominación de Origen La Mancha han intensificado en los últimos años su estrategia internacional, conscientes de que el mercado global es cada vez más competitivo y volátil. Estados Unidos, Asia y Europa del Norte son destinos prioritarios, pero la competencia en precio es feroz.
El nuevo marco europeo puede ser determinante para reforzar esa estrategia: ayudas a la promoción en terceros países, incentivos a la calidad y apoyo a la digitalización comercial serán herramientas clave si el presupuesto acompaña.
Un debate que va más allá del campo
La negociación de la PAC 2028–2034 no es un asunto técnico reservado a despachos en Bruselas. En Castilla-La Mancha tiene consecuencias directas sobre empleo, cohesión territorial y equilibrio demográfico. El viñedo no es solo una actividad agraria; es estructura económica, cultura y paisaje.
Si Europa reduce fondos, endurece condiciones sin compensación o prioriza otros sectores, el impacto se sentirá en cooperativas, bodegas y pueblos enteros. Si, por el contrario, la región logra consolidar un apoyo estable y orientado al valor añadido, el viñedo manchego podría dar el salto definitivo de potencia productiva a referente en rentabilidad y posicionamiento internacional.