Según la investigación, la probabilidad de acceder al mercado laboral mediante un contrato indefinido aumentó en torno a 40 puntos porcentuales tras la reforma. Además, las provincias que antes registraban mayores niveles de temporalidad fueron las que experimentaron las mejoras más intensas, hasta el punto de reducir casi por completo las diferencias territoriales en el acceso al empleo estable.
Sin embargo, los autores advierten de que el cambio contractual no se ha traducido con la misma intensidad en una mayor estabilidad laboral. Aunque los jóvenes trabajan algo más de tiempo y mejoran ligeramente sus ingresos, los avances son limitados en comparación con el fuerte aumento de los contratos indefinidos.
La explicación está en que los nuevos contratos indefinidos duran menos que antes. El estudio detecta una reducción de alrededor de 100 días en la duración media de los contratos indefinidos ordinarios firmados tras la reforma. Como consecuencia, la mejora en la estabilidad efectiva del empleo resulta mucho más reducida de lo que sugieren las cifras de contratación.
Los investigadores sostienen que la reforma ha transformado profundamente las fórmulas de contratación utilizadas por las empresas, pero no ha eliminado por completo la elevada rotación que caracteriza a buena parte del mercado laboral español. De hecho, las bajas voluntarias siguen siendo la principal causa de finalización de los contratos entre los jóvenes.
En definitiva, Fedea considera que la reforma ha sido un éxito en la lucha contra la temporalidad, pero concluye que convertir contratos temporales en indefinidos no ha supuesto, al menos por ahora, una mejora equivalente en la estabilidad real de los trabajadores jóvenes.