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El BCE espera que la inflación ronde el 3% durante el resto de 2026 y alerta del riesgo energético

El BCE espera que la inflación ronde el 3% durante el resto de 2026 y alerta del riesgo energético
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(Foto: BCE - Archivo)
martes 18 de agosto de 2026, 11:53h

La inflación de la zona euro podría mantenerse en torno al 3% durante lo que queda de 2026, alejándose de nuevo del objetivo de estabilidad de precios del Banco Central Europeo (BCE), situado en el 2%. El economista jefe del organismo, Philip Lane, ha advertido de que la evolución de los precios estará condicionada en buena medida por la situación geopolítica en Oriente Próximo y por el comportamiento de los mercados energéticos.

Lane ha señalado, en una entrevista con la cadena irlandesa RTE1 recogida por Europa Press, que la inflación "probablemente se mantendrá en torno al 3% durante el resto del año". Aunque ha descartado comparar el escenario actual con la crisis inflacionista de 2022, ha reconocido que se trata de un nivel "muy por encima del objetivo del 2%" del BCE.

Los últimos datos de Eurostat apuntan precisamente en esa dirección. La inflación interanual de la zona euro se situó en el 2,9% en julio, una décima más que en junio, lo que supone un repunte que complica el proceso de convergencia hacia el objetivo del banco central.

Oriente Próximo introduce un nuevo factor de incertidumbre

La principal incógnita para los próximos meses está vinculada a la evolución de la crisis de Oriente Próximo. Lane ha destacado que el comportamiento de los precios "depende mucho de si se resuelve la crisis", especialmente por sus posibles consecuencias sobre la energía y las materias primas.

El economista jefe del BCE ha advertido de que un conflicto prolongado podría alterar el escenario relativamente favorable que hasta ahora ha mostrado la economía mundial. "Si tenemos una guerra indefinida en Oriente Próximo, el impacto relativamente benigno que hasta ahora ha tenido en la economía mundial podría cambiar", ha señalado.

La advertencia resulta especialmente relevante para una economía europea todavía sensible a las variaciones de los precios energéticos. Un nuevo encarecimiento del petróleo, el gas o de otras materias primas podría trasladarse progresivamente a los costes empresariales y, posteriormente, a los precios finales que pagan hogares y consumidores.

Los alimentos ganarán protagonismo en 2027

Más allá de la energía, Lane ha puesto el foco en la alimentación. Aunque actualmente la inflación alimentaria en Europa se mantiene en niveles relativamente bajos, el BCE contempla riesgos de un repunte durante el próximo ejercicio.

En particular, ha señalado el posible impacto de fenómenos meteorológicos como El Niño, que previsiblemente podrían incrementar las presiones inflacionistas, especialmente en 2027. Según Lane, los alimentos serán "uno de los principales impulsores de la inflación durante el próximo año".

La evolución climática se suma así a los riesgos geopolíticos y energéticos como uno de los factores que podrían dificultar la normalización de los precios en Europa. Los episodios meteorológicos adversos pueden afectar a las cosechas, reducir la oferta de determinados productos y elevar los costes de producción y transporte.

El BCE mantiene la cautela sobre los tipos

Ante este escenario, el BCE evita anticipar cuál será el recorrido de los tipos de interés. Lane ha insistido en que, dada la incertidumbre existente, el organismo no quiere dedicar tiempo a especular sobre posibles movimientos futuros.

"Ante la incertidumbre, nuestro compromiso es, fundamentalmente, no dedicar tiempo a hablar sobre posibles subidas de tipos de interés en el futuro", ha afirmado.

La estrategia del BCE pasa por mantener abiertas todas las opciones y analizar los datos económicos antes de adoptar nuevas decisiones. El Consejo de Gobierno determinará la política monetaria en función de lo necesario para garantizar que la inflación termine regresando al objetivo del 2%.

El escenario que dibuja Lane supone, por tanto, que la economía europea afrontará los últimos meses de 2026 con una inflación todavía elevada respecto al objetivo oficial y con varios factores externos —energía, conflictos geopolíticos y clima— capaces de alterar rápidamente las previsiones.

A ello se suma un elemento de transformación estructural: el impacto de la inteligencia artificial sobre la economía mundial. Lane ha señalado que sus efectos también deben incorporarse al análisis global, junto al comportamiento de los precios energéticos y alimentarios, para evaluar la evolución de la inflación y de la actividad económica.

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