El resultado es un fuerte ensanchamiento de la diferencia entre el dinero depositado en las entidades financieras y el crédito concedido. Este diferencial ha pasado de 9.821 millones de euros al cierre de 2020 a 17.826 millones en septiembre de 2025. En términos agregados, el colchón financiero se ha ampliado en unos 8.005 millones de euros en cinco años.
La evolución dibuja un escenario diferente al de los primeros años de la década: Castilla-La Mancha llega a 2025 con más depósitos y menos crédito que en 2020. Sin embargo, la lectura económica requiere algunos matices, ya que las estadísticas del Banco de España no recogen exclusivamente la situación financiera de las familias, sino que incluyen también a empresas no financieras y Administraciones Públicas.
El cambio se acelera a partir de 2024
El aumento de los depósitos no ha sido homogéneo durante todo el periodo. Entre 2020 y 2022, el saldo pasó de 44.303 a 46.070 millones, lo que supone un incremento de 1.767 millones. En 2023 prácticamente permaneció estable, con 46.101 millones.
El gran salto se produjo en 2024. En ese ejercicio los depósitos aumentaron hasta 49.773 millones, 3.672 millones más en un solo año. En septiembre de 2025 ya habían alcanzado los 50.824 millones, máximo de la serie analizada.
En conjunto, entre diciembre de 2020 y septiembre de 2025 los depósitos crecieron en 6.521 millones de euros, un 14,7%. El comportamiento del crédito ha sido muy diferente: frente a los 34.482 millones de 2020, en septiembre de 2025 se situaba en 32.998 millones, 1.484 millones menos, equivalente a una caída del 4,3%.
El contraste resulta todavía más evidente si se toma como referencia el máximo de crédito alcanzado durante el periodo. En 2022, el saldo llegó a 36.290 millones de euros. Dos años después había bajado hasta 32.350 millones y en septiembre de 2025 se situaba en 32.998 millones. Es decir, el crédito se encontraba unos 3.292 millones por debajo del nivel de 2022, un 9,1% menos.
De 9.800 a casi 17.800 millones de diferencial
La combinación de ambas tendencias ha provocado que la brecha entre depósitos y crédito se haya disparado.
En 2020 los depósitos superaban al crédito en 9.821 millones. En 2022, pese al crecimiento del crédito, el diferencial era prácticamente el mismo, 9.780 millones. A partir de 2023 comenzó a ampliarse con mayor intensidad: alcanzó 12.676 millones ese año, 17.423 millones en 2024 y 17.826 millones en septiembre de 2025.
El resultado es que, en apenas dos años, la diferencia entre los recursos depositados y el crédito se ha incrementado en más de 5.000 millones de euros.
Desde una perspectiva estrictamente agregada, la región dispone así de una posición de liquidez bancaria más amplia que al inicio del periodo. Pero ese diferencial no puede equipararse a dinero disponible de las familias ni interpretarse como una medida de riqueza regional.
Más depósitos no significa necesariamente más ahorro familiar
Este es uno de los principales matices que introduce la estadística.
Los depósitos contabilizados por el Banco de España incluyen las posiciones de las Administraciones Públicas y de los llamados otros sectores residentes, entre los que se encuentran fundamentalmente las empresas no financieras y las familias. Por tanto, los 6.521 millones de incremento registrados desde 2020 no pueden atribuirse íntegramente a los hogares castellanomanchegos.
Además, los depósitos bancarios son únicamente una parte del patrimonio financiero. Los hogares pueden mantener recursos en fondos de inversión, acciones, seguros, planes de pensiones u otros activos.
Por ello, el dato permite hablar de una mayor liquidez financiera agregada, pero no de que cada familia tenga más dinero en el banco.
Menos crédito después del máximo de 2022
La evolución del crédito aporta la segunda pieza del análisis.
Después de alcanzar los 36.290 millones en 2022, el saldo descendió a 33.425 millones en 2023 y a 32.350 millones en 2024. En septiembre de 2025 registró una ligera recuperación hasta 32.998 millones, aunque permanecía claramente por debajo del máximo de 2022.
El fenómeno puede interpretarse, a nivel agregado, como una menor dependencia del crédito bancario respecto a los niveles alcanzados durante los primeros años del periodo. Al mismo tiempo, el incremento de los depósitos indica que una mayor cantidad de recursos permanece canalizada hacia las entidades de depósito.
No obstante, las cifras por sí solas no permiten determinar cuánto de esta evolución procede de los hogares, cuánto de las empresas y cuánto de las Administraciones Públicas, ni explican las razones concretas detrás de los movimientos registrados.
Tendencia a un menor endeudamiento
El comportamiento regional se produce además en un contexto nacional de reducción del endeudamiento de los hogares.
Según los datos recogidos en el documento, la deuda de los hogares españoles equivalía en 2025 al 42,8% del PIB, el nivel más bajo desde finales de 1999. Paralelamente, la riqueza financiera neta de los hogares alcanzaba el 156,8% del PIB.
La evolución del ahorro, sin embargo, incorpora otro matiz. La tasa de ahorro de los hogares españoles se situó en el 12% de su renta disponible bruta en el conjunto de 2025, siete décimas menos que en 2024. En el primer trimestre de 2026 se situó en el 11,3%, una vez ajustada de estacionalidad y calendario.
Esto demuestra que el aumento del stock de depósitos y la evolución de la tasa de ahorro son magnitudes diferentes. Los depósitos pueden continuar aumentando por la acumulación de ahorro de años anteriores, por movimientos de fondos entre activos financieros o por la evolución de los recursos de empresas y Administraciones, incluso aunque el flujo anual de ahorro de los hogares se modere.
El ahorro agregado convive con dificultades de acceso
La fotografía financiera tampoco implica que haya desaparecido la presión sobre la capacidad de compra de los hogares.
El encarecimiento de la vivienda, los costes de financiación y el precio de bienes duraderos como el automóvil pueden absorber una parte importante de la renta disponible. Por ello, una región puede presentar simultáneamente una mayor liquidez financiera agregada y mantener dificultades para que determinados hogares acumulen ahorro o accedan a determinados bienes.
La diferencia es especialmente importante en el mercado inmobiliario. Disponer de más depósitos a nivel agregado no significa necesariamente que una familia tenga capacidad suficiente para afrontar la entrada de una vivienda, asumir una hipoteca o soportar el esfuerzo financiero asociado a su compra.