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Bildu

El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, que ha asegurado sentirse "incómodo" por el apoyo de EH Bildu o de los independentistas a los Presupuestos Generales del Estado del próximo ejercicio, ha admitido que "no queda más remedio" que contar con su beneplácito, sobre todo porque las cuentas del 2022 son "estratégicas" y de ellas depende que se haga "una buena o mala gestión de los fondos europeos".

  • Durante su mandato, Sánchez ha hecho relevante a la izquierda regionalista y nacionalista, que es la que mejora en las autonómicas detrimento del PSOE
  • Feijóo, que controló su campaña, ha demostrado el rédito de moverse en la moderación frente al radicalismo de Casado

Cuando Pedro Sánchez pactó con EH Bildu su abstención en una de las votaciones para la prórroga del estado de alarma a cambio de la reforma laboral se originó una tormenta que tenía mucho que ver con los sentimientos. No fueron pocos los que desde dentro del PSOE cuestionaron aquel movimiento. Las elecciones del domingo en el País Vasco han demostrado que aquel tacticismo fue un error del Partido Socialista. Hasta esa fecha, el PNV era el único partido que en Euskadi se presentaba como capaz de conseguir cosas en Madrid para el País Vasco. Esa venta de la influencia no mermaba electoralmente al PSOE, porque el electorado del PNV es de centro derecha, mayoritariamente nacionalista, que respaldaba a un partido caracterizado por la moderación y por huir de las estridencias.

Crónica: Más allá de la pandemia

  • Da la impresión de que lo que se juega cada mañana es un día más en la Presidencia de Pedro Sánchez

Salvando las distancias, en la Presidencia del Gobierno se ha instalado la forma norteamericana de hacer política. Se mueve en el posibilismo y se va partido a partido. Hay un núcleo duro, el equipo del presidente con su jefe de gabinete al frente, que es donde se toman las decisiones. El resto, salvo caso de necesidad, queda descolgado y bastante suelto, lo que da lugar a bastantes contradicciones. Es el punto débil del diseño. En esa forma de hacer, da la impresión de que lo que se juega cada mañana es un día más en la Presidencia de Pedro Sánchez. Esa es la prioridad.

Magdalena Valerio y Manuel González, los socialistas castellano-manchegos de confianza de Sánchez

Cuando José Luis Ábalos se reunió con los responsables del PSOE de Castilla-La Mancha el pasado 18 de abril en Toledo, las encuestas no pintaban bien para Pedro Sánchez. Apenas unos días antes El Mundo publicaba un sondeo de opinión que situaba al PSOE como tercera fuerza política. Sus compañeros de Castilla-La Mancha tenían otro estudio sociológico que les daba como primera fuerza en la región. Y sin complejos sacaron pecho y le dijeron a Ábalos que lo mejor que podría hacer Sánchez era dejarse llevar por los barones, que aprovechara el tirón de las autonómicas y municipales de 2019 para mejorar y poder llegar a La Moncloa, que siguiera la estela de García-Page.
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Algo se mueve en el PSOE. El último episodio, el pacto con Bildu ha generado un profundo malestar. La recuperación del liderazgo electoral había parado la contestación interna de algunos sectores del socialismo español a Pedro Sánchez. Las críticas bajaban de nivel y se centraban en algunos de los colaboradores de la reunión de maitines de los lunes, en la que se traza la estrategia de la semana. Lastra, pero sobre todo Iván Redondo, son los que concitan mayor contestación, mientras que los críticos mantienen e incluso suavizan las relaciones con José Luis Ábalos, el secretario de organización y número dos, con una excepción, la de Valencia, donde los roces con el ministro de Fomento y diputado por Valencia vienen de lejos. La pandemia y la gestión que está haciendo el gobierno han hecho rebrotar el sentimiento crítico en los territorios, donde los líderes regionales están pagando los errores de los nacionales.

De un tiempo a esta parte, a la política española le falta templanza. El problema es que esa aspereza es calculada. Las manifestaciones de la clase política española se radicalizan y lo peor es que la incontinencia y el exceso verbal están prediseñados. Porque para la clase política está en juego el poder. Y para ello no dudan en poner en juego a la nación, que no es sino sus habitantes y su territorio. Es un juego. Y en ese juego se salvan pocos. Todos -o casi todos- apelan a los corazones para, en un tiempo posterior, apelar al voto de esos corazones. Se miden mensajes, frases y gestos. Ha quedado patente en la investidura de Pedro Sánchez. Y esa demostración lo ha sido por la izquierda y por la derecha, por los viejos partidos y por los nuevos (incluidos los más localistas). Una evidencia es que en España faltan estadistas y sobran ventajistas, mullidores de la discordia y de la confrontación.