En términos relativos, la riqueza neta de los hogares se elevó hasta el 156,8% del PIB, frente al 149,5% registrado un año antes. Este crecimiento se explica principalmente por la revalorización de activos financieros, especialmente participaciones en capital y fondos de inversión.
Pese al aumento del peso de la riqueza, la deuda de los hogares repuntó ligeramente en términos absolutos, hasta los 723.000 millones de euros, un 3,9% más que en 2024. No obstante, el crecimiento de la economía permitió reducir su peso relativo sobre el PIB.
Uno de los cambios más destacados en la composición del ahorro es la pérdida de protagonismo del efectivo y los depósitos, que se sitúan en mínimos de los últimos 30 años, aunque todavía representan el 33,4% del total de activos financieros. En paralelo, las inversiones en acciones y fondos de inversión ganan terreno y ya concentran cerca del 32,3% del total.
En cuanto a los flujos, las operaciones financieras de los hogares registraron un aumento significativo en 2025, con 95.000 millones de euros, equivalentes al 5,6% del PIB, impulsadas tanto por la inversión en depósitos como en fondos. Por el lado del pasivo, también se incrementaron las operaciones, principalmente por el mayor recurso al crédito.
Empresas: deuda en mínimos desde 2001
El informe refleja también una mejora en la posición financiera de las empresas. Aunque su deuda total aumentó ligeramente hasta 1,056 billones de euros, su peso sobre el PIB descendió hasta el 62,6%, el nivel más bajo desde el tercer trimestre de 2001.
Las inversiones empresariales se centraron en acciones no cotizadas y otras participaciones en capital, mientras que las operaciones de financiación se mantuvieron en niveles similares a los últimos años, con un ligero repunte.
Más financiación neta en la economía
En conjunto, la economía española registró una financiación neta positiva de 71.000 millones de euros en 2025, equivalente al 4,2% del PIB, el mayor porcentaje de las últimas tres décadas.
Los hogares reforzaron su capacidad de financiación, situándola en el 3,6% del PIB, mientras que las administraciones públicas redujeron su necesidad de financiación hasta el -2,4%. Por su parte, tanto empresas como instituciones financieras moderaron su aportación en comparación con los años anteriores.
Estos datos reflejan una mejora general de los balances de los distintos sectores, con un desapalancamiento progresivo en términos relativos y un mayor peso de los activos financieros en un contexto de crecimiento económico.