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Los ciudadanos, convidados de piedra en el show de los presupuestos
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(Foto: Pool Moncloa // Borja Puig de la Bellacasa)

Los ciudadanos, convidados de piedra en el show de los presupuestos

  • A un mes de que deba iniciarse su tramitación, se desconocen las grandes líneas de los ingresos; si vamos a tener que pagar más o menos impuestos
  • También las del gasto: cuánto y cómo se va a destinar a mejorar la sanidad que recibimos, cuánto y qué al impulso económico o al escudo social

jueves 03 de septiembre de 2020, 21:16h
Lo de los Presupuestos Generales del Estado es para nota. Falta menos de un mes para que se inicie su tramitación y nada se sabe de sus grandes líneas. Se habla de apoyar, de unidad, de arrimar el hombro. Y eso es cosa de políticos y para políticos. Deberían empezar a despejarse las grandes líneas que afectan a los ciudadanos, que son los convidados de piedra al show. A estas alturas de mes empieza la negociación para ver qué fuerzas están dispuesto a apoyarlos. No hay números sobre la mesa de la negociación, ni globales ni detallados. Por no haber no hay ni filosofía. Sin entrar en la derivada política, en que se ha dejado pasar el verano en blanco, da la impresión de que seguimos en la comunicación y no en la gestión. España está funcionando con los presupuestos de 2018, que elaboró el gobierno de Mariano Rajoy y que se han ido prorrogando en 2019 y 2020. La situación actual es muy diferente.
Hay que tener en cuenta que los presupuestos son un pilar esencial de la economía española. Determinan el destino de casi la mitad del volumen del PIB español, también los niveles de deuda pública y compromisos de pagos futuros. Eso que suena a vocablos de economistas tiene una plasmación en la vida cotidiana, en los impuestos que vamos a pagar, en la sanidad que vamos a recibir, en la educación, en la lucha contra el covid, en el impulso de los tejidos productivos, en las políticas sociales … Son las ayudas a empresas, instituciones, organizaciones sin fin de lucro, familias y personas.

Parece una broma que el gobierno haya salido a negociarlos fuera, cuando no los ha negociado dentro. En los últimos días, los ministros de Podemos fuerzan la negociación anunciando en los medios de comunicación medidas que comportan gasto y que no han sido ni puestas sobre la mesa de la coalición. Y en la comunicación regresa el esperpento de que un ministro dice una cosa, el siguiente otra y hay terceras y cuartas versiones.

Si se quiere que el presupuesto de 2018 no vuelva a prorrogarse es preciso que el de 2021 entre en vigor el 1 de enero de ese año. Para ello la presentación en las Cortes no debe demorarse más allá de la primera semana de octubre. A partir de ahí se inicia la tramitación en el Congreso y en el Senado, que agilizando los plazos dura poco menos de tres meses.

¿A día de hoy, cuáles son las grandes incógnitas? La primera es si van a subirse impuestos o van a bajarse (como ha hecho Francia). Si se suben cuáles se suben y cuáles no, en qué cuantía se suben y cómo va a afectar esa subida al bolsillo de los españoles (en las retenciones de IRPF, en la compra de productos por el IVA y los impuestos especiales sobre determinados productos.

La segunda es cómo se van a gestionar los 140.000 millones del Fondo Europeo de Reconstrucción, a qué se va a destinar, qué organismos e instituciones los van a administrar.

La tercera es qué dinero se va a enviar a las Comunidades Autónomas para su funcionamiento, teniendo en cuenta que son las administraciones responsables de tres de los pilares del Estado del Bienestar: sanidad, educación, dependencia y servicios sociales. El cuarto pilar es el de las pensiones. Y aquí hay otra incógnita por despejar, el gobierno central asume determinados gastos de la Seguridad Social (prestaciones por desempleo, Fondo de Garantía Salarial…) y deja al INSS sólo con las pensiones, como proponía el ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones antes de asumir la cartera.

Y hay cuestiones que afectan a buena parte de los empleados de este país, los de las administraciones públicas: ¿Se les va a subir el sueldo, se les va a congelar o se les va a bajar?

Sobre la política fiscal dice el PP (en la oposición), que hay que bajarlos, Ciudadanos (en la oposición) que no hay que subirlos y Podemos (en el gobierno), que hay que subirlos. El detalle queda para luego.

La paradoja de Podemos

Lo de Podemos es toda una paradoja. Cuando estaba en la oposición, Podemos estableció un impuesto propio para sus altos cargos. Sus diputados, alcaldes, concejales, consejeros y demás sólo podían ganar tres veces el salario mínimo interprofesional (una vez descontados impuestos, es decir en neto). A partir del 13 de enero, los dirigentes nacionales empezaron a tomar posesión como altos cargos o asesores del gobierno de España. Dos meses después, esos mismos cuadros derogaron esa limitación salarial y rebajaron el impuesto que tenían que pagar al partido, que ya no queda referenciado al SMI, en una modificación sustancial de su Código Ético. Cabe pensar que cuando empezaron a tener sueldos altos decidieron rebajarse su impuesto interno. Un mal precedente para defender ahora una subida de impuestos al resto de los españoles.

Claro que llueve sobre mojado, porque cuando eran extraparlamentarios sus líderes defendían que la limitación salarial de los políticos fuera tres veces el SMI. Cuando llegaron a tocar poder, es decir cuando fueron políticos con cargos, introdujeron el matiz del “neto” que es un matiz que meten en sus contratos los futbolistas de élite y los grandes directivos. Y cuando la cúpula empezó a ganar más llegó está última modificación de marzo de quitar toda referencia al SMI. Por cierto nada dicen del dinero que cobran sus diputados nacionales para gastos y que están exentos de IRPF. Y hay familias que no ganan esa cuantía.
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