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El IVA de las mascarillas y el “síndrome de Hacienda” de la doctora metida a ministra
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El IVA de las mascarillas y el “síndrome de Hacienda” de la doctora metida a ministra

jueves 12 de noviembre de 2020, 22:14h
La portavoz del Gobierno y ministra de Hacienda María Jesús Montero haría bien en admitir el error y en no huir hacia adelante. Fue un error gravar las mascarillas con el 21%. Es un bien esencial, obligatorio, que tiene un fin prioritario para el mayor problema que haya vivido nuestro país en el último siglo, evitar la propagación de la pandemia y con ello evitar muertes.
Es entendible que el gobierno buscara recursos para aliviar la merma de ingresos en las arcas públicas por la derivada económica de la crisis sanitaria. Pero no era acertado hacerlo a través de esta vía. Y no lo era porque suponía gravar aún más a todas las economías domésticas -sin distinción del nivel adquisitivo- con un sobrecoste en un producto básico, obligatorio y esencial llegando a poner en riesgo también la efectividad de la medida en determinadas capas sociales, que dicho sea de paso han sido las que han sufrido más en esta segunda ola. Su uso empezó a ser parcialmente obligatorio (recintos cerrados y cuando no se pudiera guardar las distancias de seguridad) el 19 de mayo para “proteger la vida y la salud de las personas".

La medida chocaba aún más teniendo en cuenta que venía impuesta por un gobierno progresista, el más a la izquierda que haya habido en nuestro país desde la Guerra Civil. Y topaba con los propios planteamientos de la ministra en unas declaraciones realizadas el 28 de febrero de este año (antes del estallido de la pandemia y a propósito del presupuesto) en la cadena SER, recogidas por la agencia Europa Press y publicada por los medios de toda España. Manifestaba Montero a propósito de una subida del IVA como herramienta para ingresar más y hacer un presupuesto expansivo en políticas sociales: “Se plantea siempre la posibilidad de que sea el IVA al que se repercuta la subida fiscal (...) No es la opción preferida nunca de un Gobierno progresista, preferimos buscar los márgenes fiscales en impuestos más progresivos", es decir que paguen más los que más tienen o más ingresan.

Cuando empezaron las críticas por el gravamen a las mascarillas tejió una explicación. Y dijo eso de que había un obstáculo, una prohibición europea. Y si bien es cierto que esa prohibición existía, la Unión hizo una excepción con las mascarillas y material sanitario en la lucha contra la pandemia y así lo comunicó el 5 de mayo a todos los gobiernos. Hubiera bastado con preguntar a su vicepresidenta en materia económica, Nadia Calviño, con una larga trayectoria como alta funcionaria en la Unión.

No existía ese obstáculo y, de haberlo, la misión de los gobernantes es remover todos los impedimentos que graven, dificulten o impidan el desarrollo económico y social. Pero primaban los ingresos, aunque la medida lastrase a las familias menos favorecidas. Y la decisión se sostuvo y no se enmendó hasta el último minuto, cuando la presión mediática y política arreciaba, en medio de la subida de la segunda ola de la pandemia.

El miércoles, los partidos que soportan al gobierno, votaron no a que en el Congreso se pudieran tramitar las enmiendas de otros grupos políticos a los presupuestos en la que se pedía la bajada del IVA de las mascarillas del 21% al 4%. Para ello esgrimieron que no pueden tramitarse aquellas enmiendas que supongan bajadas de ingresos. Dos horas después, la ministra lo anunciaba en ese mismo recinto, desde la tribuna del salón de plenos. Y lo hacía no con la humildad del que acierta con la rectificación, sino con la soberbia que da el cargo.

Hubiese sido deseable que en las decisiones de la ministra hubiera prevalecido su lado profesional a su lado político. La ministra de Hacienda es médica de formación y ha trabajado como profesional en los hospitales sevillanos Virgen de Valme y Virgen del Rocío y tiene conocimientos de lo prioritario que es el uso de mascarillas y de su duración limitada en el tiempo (cuatro horas las quirúrgicas). Pero se ha dejado llevar por el síndrome de Hacienda, más allá de la profesión y más allá de los principios progresistas.

Montero era un valor que el presidente Sánchez quería promocionar para una candidatura a la Presidencia de Andalucía. El valor de un candidato o de un presidente de un gobierno no está en el zasca acertado o desacertado o ingenioso que pueda dar a sus adversarios, sino por su capacidad de diseñar y hacer para sus gobernados y, también, de corregir y admitir que, como el común de los mortales, no es infalible.
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