Pese a ello, el aval político activa ya los análisis económicos y sectoriales. En territorios como Castilla-La Mancha, con un fuerte peso agroalimentario e industrial, el acuerdo se observa con una mezcla de expectativa y preocupación: oportunidad exportadora para la industria y riesgo para parte del campo.
Qué contiene el acuerdo
El tratado crea una zona de libre comercio progresiva entre ambos bloques. El Mercosur eliminará aranceles sobre aproximadamente el 91% de las exportaciones europeas, especialmente en bienes industriales, maquinaria, automoción y alimentos transformados. A cambio, la UE abrirá su mercado a productos sudamericanos, principalmente agrícolas, mediante cuotas limitadas y reducciones arancelarias en sectores sensibles.
La aplicación será gradual —con periodos de hasta 15 años— e incorpora cláusulas de salvaguardia que permitirían frenar importaciones si se producen alteraciones graves del mercado. Estos mecanismos, sin embargo, no disipan del todo el temor del sector primario europeo.
Impacto potencial en la economía regional
Castilla-La Mancha cerró 2024 con exportaciones superiores a los 9.500 millones de euros, de los que más de 3.200 millones correspondieron al sector agroalimentario y su industria asociada. En la actualidad, Mercosur es un destino secundario para la región —entre 250 y 300 millones de euros anuales—, pero los estudios de impacto del Ministerio de Comercio y de organizaciones empresariales apuntan a crecimientos de entre el 30% y el 40% cuando el acuerdo esté plenamente desplegado.
Traducido a cifras regionales, el tratado podría aportar a Castilla-La Mancha entre 90 y 120 millones de euros adicionales al año en exportaciones directas, especialmente en:
- Vino y bebidas, con una reducción significativa de aranceles.
- Aceite de oliva y productos elaborados, con mayor acceso a grandes mercados urbanos.
- Industria alimentaria y bienes intermedios, vinculados al crecimiento del consumo en Brasil y Argentina.
Sumando efectos indirectos —logística, transporte, industria auxiliar— el impacto económico total podría superar los 150 millones de euros anuales una vez consolidado.
El campo, en alerta
Frente a estas expectativas, el sector agrario regional mira el acuerdo con recelo. Aunque las principales producciones de CLM no están directamente en el centro del tratado, las organizaciones agrarias advierten de presión a la baja en precios y de una competencia basada en menores costes y exigencias ambientales.
Los cálculos del sector sitúan el riesgo en que una reducción de apenas un 5% en precios en producciones sensibles podría generar pérdidas de entre 60 y 80 millones de euros anuales en el campo regional, afectando especialmente a explotaciones pequeñas y medianas.
Un acuerdo aún abierto en sus efectos
El respaldo político alcanzado hoy no cierra el debate, sino que lo traslada al terreno económico y territorial. Para Castilla-La Mancha, el acuerdo UE-Mercosur no es todavía una realidad jurídica, pero sí un escenario que obliga a anticiparse. El saldo final dependerá de cómo se apliquen las salvaguardias, del papel de la PAC y de las políticas de apoyo a la internacionalización.
En juego no están solo cifras millonarias, sino el equilibrio entre industria exportadora y mundo rural en una región donde ambos avanzan —o se resienten— de forma estrechamente ligada.